marzo 06, 2014
Apuntes políticos de un febrero furioso
febrero 28, 2011
Libia: entre la rebelión popular y la intervención extranjera
Pasan las horas y la situación en Libia se deteriora en el enfrentamiento armado y la disgregación social. Los enroques políticos del exterior tampoco traen buenas noticias; algunos piensan ya en una intervención militar para poner orden, y de paso, controlar otro grifo de petróleo. El Consejo de Seguridad de la ONU ha congelados los bienes del clan Gadafi en el exterior e impuesto un nuevo embargo de armamento. Hasta hace sólo dos semanas países como España, Italia, Alemania, Francia, y la Unión Europea en general, vendían armas a diestra y siniestra al régimen de Gadafi.
Después de la reconciliación de 2003, Gadafi se convirtió en el socio estratégico en lo comercial, sobre todo para abastecer de crudo a las sociedades europeas y su alto consumo. Al mismo tiempo, se transformó en un aliado en la guerra contra el terrorismo, lo que le sirvió como excusa para barrer con los opositores islamistas y todo aquel que quisiera algo más. Entonces nadie dijo nada. Al año siguiente de volver a pasearse por el mundo con su jaima, comenzaron las reformas estructurales de la economía. Los siempre caprichosos funcionarios económicos internacionales, que hasta no hace mucho se paseaban por Trípoli alabando la contención del gasto social y felicitando a Gadafi por su apertura económica, no perdían oportunidad para ensalzar a su nuevo alumno de medio oriente que cabalgaba en el neoliberalismo. Muchos de los avances sociales se ahogaron en los últimos siete años producto de los efectos colaterales.
Gadafi supo utilizar la posición geográfica de Libia, como punto caliente en la ruta de la inmigración clandestina hacía Europa. Aquello se tradujo en una implacable represión a la inmigración -sobre todo subsahariana- que se hace a la mar para llegar a Italia, también para los inmigrantes en tránsito y los que eran relocalizados en los CIE de Libia a la espera por una respuesta a la solicitud de asilo, que nunca llegaría. Su amigo y socio Berlusconi ha puesto también fin al Tratado de Amistad Italo-Libio de 2008 que se firmó paradójicamente en Bengasi, la segunda ciudad del país que hace días ya controlan los rebeldes.
A esta hora Estados Unidos moviliza su flota en aras de una posible intervención extranjera que de existir será enmascarada como ayuda humanitaria. Muchos medios de comunicación se esmeran en incidir hacía esa resolución del conflicto. Desde los territorios arrebatados al control de Gadafi también llegan las voces de los rebeldes que no están por la vía de la invasión. La del intervencionismo ya está en marcha fuera de Libia y en las ciudades que están bajo el control de los rebeldes. Imposible saber si a esta hora en Libia hay más mercenarios africanos a las ordenes del clan Gadafi, o si son, superados por los agentes de inteligencia de occidente desplegados en terreno. Ya EEUU ha afirmado que trabaja en las ciudades que controlan los rebeldes.
Una cosa es la revuelta popular masiva del pueblo libio y sus demandas que ellos concretarán, y otra muy distinta, es sumarse a los ecos que quieren hacer de Libia otro estado fallido para la tranquilidad del bienestar occidental.diciembre 06, 2010
Adiós a los 426 euros
Se acabó lo que se daba. Zapatero ha anunciado que en febrero se acaba el subsidio extraordinario para los parados de larga duración. Aquellos siempre exiguos 426 euros han dado la posibilidad de que más de 600 mil personas en España pudieran equilibrarse en un peldaño del abismo, y no caer, directamente en él. Un recorte social más que se suma a la reducción del sueldo público, la congelación de las pensiones y una reforma laboral- aún en marcha- que borra de un plumazo las conquistas sociales que tardaron décadas en conquistar los trabajadores españoles en los años duros que ya nadie recuerda.
Los mercados están nerviosos y los especuladores ansían otra víctima; con Grecia, Irlanda, Portugal y otras economías intervenidas en la periferia europea del este, no basta. La crisis sistémica del capitalismo arrastra esta vez al euro y deja en evidencia que la cohesión económica y solidaria europea no es más que un espejismo en épocas de bonanza. La Comisión Económica Europea no deja de enviar señales contradictorias sobre la solvencia económica de sus miembros, los personeros del Banco Central Europeo (BCE) pareciera que hubieran hecho una buena cosecha indoor y están disfrutando de ella –faltaba más- , porque de otra manera, no se explica su silencio en los momentos claves de la crisis ni su inoperancia para poner orden al tinglado económico europeo. Ni siquiera son capaces de comprar bonos de deuda pública ante un ataque especulativo evidente. Las reformas estructurales de la economía que hoy aplican los gobiernos europeos no son más que la clásica receta neoliberal que en el caso latinoamericano se implementó a sangre y fuego desde la década de los setenta.
En la esquizo realidad concreta, digamos aquí abajo en el callejear cotidiano donde la precarización de la vida se despliega con indiferencia. Los biorritmos son otros; hace mucho que el equilibrio por la sobrevivencia se come lo mejor de uno sin darnos cuenta. La disciplina emocional capitalista a veces es capaz de penetrar también en el subconsciente del que toda una vida ha vivido en crisis, a uno y otro lado del charco ocupando memoria RAM que queda inutilizada en la inactividad.
(fotografía tomada en el Parque de las Ciencias, Granada)
julio 31, 2010
mayo 29, 2010
Un soplido de aire fresco
febrero 05, 2009
Entre huelgas xenófobas y bandos fascistas avanza Europa

La ultra derecha española y la agitación también Popular de que los españoles primero son consignas viejas que se rentabilizarán políticamente en los próximos meses a medida que la crisis social se profundice. Pese a ello, dudo que el grueso de la sociedad española y sobre todo su conciencia trabajadora actuaría como hoy lo hacen los trabajadores ingleses y sus sindicatos llevando acabo una huelga xenófoba contra los trabajadores extranjeros, que esta vez no son africanos, ni latinos, o de la serie B de Europa que se engloba en el Este, esta vez son trabajadores italianos y portugueses los rechazados.
El Partido Nacional Británico (PNB) de corte racista sin complejo, agita la disociación del parado de clase media obrera que cree ver en el vecino inmigrante a su enemigo económico, si antes compartían una caña ahora muchos comparten incertidumbre económica, y ser tan iguales en una situación límite, a muchos no les gusta. Quizás porque ahí comprenden lo insignificante de los grandes conceptos como patria o globalización, cuando en un abrir y cerrar de ojos todo se va al carajo porque sólo era un sueño más del delirio capitalista global que se resumía en buenas dosis de consumo desenfrenado, especulación financiera, pero por sobre todo, en ese barniz cultural moderno que amplificó la imagen cultural del exitismo personal que se traducía en un piso nuevo a estrenar, un coche a pagar y una hipoteca que los acompañaría por lo menos treinta años, siempre con un Euribor variable, como las emociones de la vida misma, pero esta vez con saldo negativo a pagar en metálico cada fin de mes.
Desde hace un par de años que a Granada siguen llegando jóvenes italianos que van en búsqueda de un poco de oxígeno ante tanto neo fascismo real en que está envuelta la bella Italia desde hace ya tiempo. Silvio Berlusconi y su ministro del Interior, Roberto Maroni -otro señor ácido que ha parido la historia moderna- día a día avanzan en su cruzada católica y xenófoba para hacer de Italia un país limpio de gitanos, inmigrantes, homosexuales, izquierdistas….se hace fuerte el discurso oficial descaradamente racista que alimentan sus socios también racistas y violentos de la Liga del Norte. Por estos días saldrá del senado el Decreto Ley de Seguridad contra los inmigrantes sin papeles que es la joya panfletaria de Berlusconi en su campaña de tolerancia cero para hacer de Italia un país más seguro, aplicando lógicamente el binomio: inmigrante = delincuencia. Se calcula que en Italia puede haber entre 400 y 500 mil inmigrantes sin código de barras. Ahora a cualquiera de ellos se les negará la posibilidad de registrar matrimonios o nacimientos, multas de hasta diez mil euros caerán sobre sus espaldas y también está abierta la posibilidad de pasar un año y medio en la cárcel a la espera de una expulsión por el sólo hecho de una estancia no reglada. Los médicos de los hospitales deberán dar el chivatazo a la policía cada vez que llegue algún sin papeles, se perseguirá y castigará con dureza a aquel italiano que alquile su casa a alguno de los perseguidos del nuevo siglo.
Pago la cuenta y cruzo la plaza esperando que la lluvia me sacuda un poco el rostro, que enjuague los poros cargados de malas noticias para todos nosotros, los eternos pasajeros en tránsito de la aventura inmigrante. Son días para la resistencia y la movilización ante el retroceso de los derechos sociales conseguidos en Europa, son días para cargar de besos la mochila y echarse a la calle a buscarse la vida y no amargarse en el intento, son días de furia capitalista en donde la banca privada mundial nuevamente gana mientras nos disciplinan con el miedo. Y así estamos.
diciembre 10, 2008
Dos tiros secos y luego ardió Grecia

Son las diez de la noche del sábado 6 de diciembre en el barrio de Exarchia, en el centro de Atenas. Mientras algunos toman un café caliente tras el cristal de una cafetería, en la calle, un grupo de jóvenes estudiantes se encuentran con dos policías que patrullan aquella manzana en donde muchas iniciativas políticas de carácter izquierdista o antisistema tienen encuentro, además de la movida griega de fin de semana. Los agentes y los estudiantes se insultan mutuamente, y algunos testigos señalan que estos últimos le lanzan botellas de agua - plástico o cristal da lo mismo- otras vecinas aseguran que uno de los agentes increpaba a los jóvenes mientras se agarraba los genitales. Una mujer, desde quizás una octava planta, coge el móvil y comienza a grabar la intersección de una esquina en donde se oyen voces altas, pero en donde nada de lo que pasa se ve porque la noche está muy cerrada y los copos de los árboles muy tupidos. De pronto dos tiros secos sobresaltan la mano de la vídeo aficionada; la cámara se mueve, se oyen gritos, y luego se ve a dos hombres corriendo calle arriba, quizás ya intuyendo que la han cagado.
A los quince minutos del gatillo fácil fallece a los 16 años el estudiante de bachiller, Alexandros Grigoropoulos. La noticia se esparce por toda Grecia con más rabia que resignación, espontáneamente la gente sale a la calle a ocuparla y ganar posiciones con la acción directa mientras lentamente comienza a fracturarse la información gubernamental, que repite una y otra vez, que Alexandros y otras decenas de jóvenes habían intentado quemar el furgón policial y de ahí la reacción preventiva de los policías. Nadie se imagina por entonces que aquellas primeras barricadas y masivos enfrentamientos contra la policía son sólo el comienzo de una revuelta social juvenil que pone en jaque al ya debilitado Gobierno del conservador derechista, Kostas Karamanlis. El plomo policial encendió la mecha de jornadas violentas que ni la detención de los policías implicados en el asesinato ha logrado amainar.
Son días agitados, por la muerte de Alexandros, por la cesantía juvenil griega que se empina por sobre el 20% precarizando aún más el futuro. Muchos salen a la calle hastiados de la nueva moda europea de represión policial enfocada sobre todo a los grupos anarquistas y de autogestión, lo mismo ocurre con la población juvenil francesa e inmigrante de la zona norte de París después de su rebelión de los coches ardiendo, ahora a ellos los vigilan con pequeños aviones no tripulados para seguridad de
La acción directa de grupos anarquistas y otros muchos surgidos en el marco del movimiento antiglobalización que nació formalmente en Seattle (noviembre de 1999) ha dinamizado y organizado subjetivamente el enfrentamiento territorial. Los grupos griegos están a la vanguardia europea en torno al tema de la acción directa, son dinámicos y capaces de transformar la espontaneidad en resistencia organizada ya sea para bloquear un desalojo de un CSO (Centro Social Ocupado) o como por estos días para mantener activa una revuelta no anunciada que ya lleva cuatro días.
septiembre 09, 2008
Europa Blindada: El salto de las historias mínimas en Ceuta y Melilla

El siguiente reportaje es de septiembre de 2006 y da cuenta del abandono de inmigrantes subsaharianos en pleno desierto marroquí, esta es la historia de los que fracasaron en el salto de las vallas de Melilla y Ceuta. Esta es la crónica de otro abandono a la muerte.
Kani cruzó las vallas fronterizas que separan a Marruecos de la ciudad española de Ceuta en cuatro minutos. No sabe porque cronometró el tiempo, pero lo hizo. Echó a andar el mecanismo justo en el momento en que con más de ochocientos inmigrantes subsaharianos arrimaban las primeras escaleras- construidas artesanalmente con maderas del bosque y gomas de caucho - en la verja de tres a seis metros de altura que separan a la Europa comunitaria del caos desolado de África. La madrugada estaba estrellada en el mediterráneo y las farolas iluminaban los cuatro corredores fronterizos que había que saltar. Los sensores de movimiento estaban a punto de volver a chillar y el centenar de cámaras de seguridad se movían nerviosas al igual que la policía y los militares que reforzaban la zona a uno y otro lado del vallado. Sin embargo, todo aquello no los disuadió a dejarlo para otra vez; había que probar, que intentar cruzar la frontera económica más desigual del planeta – 15 puntos de diferencia en renta per cápita- y dejar atrás el zumbido constante de la muerte y la desesperanza que un buen o mal día los empujó a tomar la decisión de emigrar hacia la Europa desarrollada. Para así, asegurar el bienestar de la familia africana que se queda envuelta en la incertidumbre y con la sospecha de que aquella última imagen- en que se los ve alejándose con sus bolsos por las calles polvorientas del barrio- significa mucho más que un hasta luego.
Y vienen desde Malí, Ghana, Níger, Guinea, Burkina Faso, Camerún, Senegal, Guinea Conakril, Gambia, Nigeria, Benín… en un viaje transfronterizo en que no sólo se van los meses y los años, sino que la vida y los amigos del éxodo silencioso que van cayendo por el camino sin siquiera haber visto con sus ojos la maldita verja y el mar mediterráneo. Sus cuerpos quedan sepultados bajo la arenilla fina del desierto con el manto de silencio que acompaña a los viajes de la emigración subsahariana que intenta penetrar en las ciudades españolas extra peninsulares de Ceuta y Melilla: la frontera Sur de la Unión Europea en territorio africano. Los cuerpos de otros muchos (no hay cifras exactas pero organismos europeos hablan de más de nueve mil muertos desde 1998) que intentan cruzar al otro lado del mediterráneo a bordo de una patera naufragan en el intento. Cada vez las travesías marítimas de la emigración clandestina son más largas y peligrosas a medida que España extiende su Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE) por las costas de Andalucía y las Islas Canarias. La Europa blindada en su expresión más técnica y evidente se basa en la videovigilancia, bases de datos, vallas, espacios de seguridad, helicópteros, deportaciones conjuntas y masivas, patrulleras, sensores térmicos de última generación, acuerdos de deportación, restricciones del derecho a asilo político, dilatación de los trámites de reagrupación familiar, criminalización del colectivo inmigrante a través de la prensa…, la inmigración (legal/ilegal) en Europa hace mucho que se definió como un problema a la altura del terrorismo. No hay cumbre euromediterránea, euroafricana, iberoamericana, euroasiática, donde no este presente la cruzada occidental contra el complejo tema de la inmigración que cohesiona al abanico político europeo.
Es la madrugada del jueves 29 de septiembre de 2005. Cientos de jóvenes inmigrantes subsaharianos vuelven a romper el perímetro de seguridad en la ciudad de Ceuta, han dejado atrás el bosque marroquí Bel Younech o Mariguari, donde malviven a la espera de una oportunidad y han iniciado el salto en la zona conocida como Finca Berrocal (Ceuta) donde aún la valla mide 3,5 metros de altura. Sólo en los últimos dos días más de 500 de sus compañeros subsaharianos tras saltos masivos, desesperados y coordinados por telefonía móvil han logrado penetrar en la Europa fortaleza tras saltar las vallas de Melilla (casi 25.000 inmigrantes han logrado entrar desde 1995 en Ceuta). Lo han conseguido después de años de viaje y de vivir escondidos en el monte Gurugú en improvisados campamentos que una y otra vez desarman por el asedio de la policía marroquí que no sólo los golpea, los deporta a la frontera desértica con Argelia, sino que también les roba lo poco que tienen y corta los suministros de agua al custodiar la vertiente natural que apaga la sed de los desplazados económicos1. Lo han logrado pese al ruido incesante de los fusiles Cetme con bocachas de la Guardia Civil española que disparan pelotas de goma, a los botes de humo reventando por doquier, a las porras policiales sacando brillo a los rostros y cuerpos morenos y al plomo policial que mata en la impunidad fronteriza. Ni siquiera las concertinas de espina metálica que están enrolladas en lo alto de las vallas y que cercenan la piel a navajazos pudieron detener a la muchedumbre negra y hambrienta que rompió durante semanas el perímetro de seguridad, que en pleno siglo XXI, aún delimita a la vida de la muerte.
Y Kani y el millar de historias mínimas que esa madrugada del jueves 29 intentan el salto no saben que ellos y su sobrevivencia han trastocado la agenda política, mediática y las conversaciones en los bares españoles. Se habla de “invasión”, de “avalanchas de ilegales”, de “asaltos a la frontera española”, de “nula colaboración marroquí para detener a los sin papeles”. Las imágenes de los cuerpos ensangrentados de los subsaharianos vagando por las calles de Melilla colman de histeria eurocentrista la frágil memoria histórica española que ya no quiere saber nada de pobres y calamidades del tercer mundo.
Y ellos, sólo van rumbo a la comisaría de policía por una orden de expulsión que no se podrá ejecutar porque España no tiene convenios de repatriación con sus países de origen y Marruecos- hasta aquellos días- no los readmite. Lo normal es que luego pasen a ingresar en el Centro de internamientos para Extranjeros (CETI) y de ahí esperar meses, años algunos, por un vuelo silencioso que los deposita en alguna ciudad española (el año pasado 8.716 personas) para que se busquen la vida con el rótulo de sin papeles y así inicien otro viaje también incierto.
Horas antes del salto, a las diez de la noche del miércoles 28 de septiembre, el Presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, desde el palacio de La Moncloa da la orden de que cuatro compañías de regulares y Legionarios (720 efectivos) vigilen las fronteras españolas de Ceuta y Melilla armados con sus fusiles H & K, además aprueba la construcción de otra verja “inexpugnable”, pero por sobre todo, aumenta la presión sobre Marruecos para que frene los saltos de “ilegales”; la VII cumbre hispano marroquí de alto nivel que se celebra en esos días en Sevilla se transforma así en un monográfico sobre la inmigración clandestina. Horas antes de la respuesta de Zapatero a la crisis humanitaria que estaba en proceso, su secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, advertía ante el parlamento español. “Es altamente probable que, a pesar de una diligente, profesional y proporcionada actuación de los agentes policiales, puedan sobrevenir situaciones no deseadas, no sólo en la integridad física de los asaltantes, sino también de los agentes”.
Y la premonición política- policial de Camacho se cumplió en la madrugada del jueves 29 de septiembre. Cinco subsaharianos fueron asesinados en el intento de saltar la valla fronteriza de Ceuta. Kani y otros 216 lo lograron, 46 de ellos heridos, al otro lado de la verja más de160 resultaron heridos y otros cientos fueron acorralados y detenidos por la policía y el ejército marroquí en una cacería de negros que se extiende hasta hoy. Tres murieron de lado marroquí y dos de lado español, todos por impacto de bala y postas según las autopsias. Uno de los inmigrantes subsaharianos permaneció enganchado en lo alto de la concertina de espino metálica durante horas en territorio español. De nada le sirvieron los dos pantalones, cuatro chalecos y el pasamontañas que le cubría la cabeza, ante la respuesta del plomo policial. Era de Camerún, su cuerpo no tenía más de veinte años de capitalismo periférico acumulado y murió mientras ejercía su derecho a emigrar (artículo 13 de la declaración universal de los Derechos Humanos, 1948) y rasgar con sus propias manos el telón de bienestar del primer mundo.
La historia se repitió una semana después. El jueves 6 de octubre seis subsaharianos también de madrugada mueren tiroteados en las inmediaciones de la valla de Melilla por las fuerzas policiales marroquíes. Catorce horas después de aquel salto masivo y cada vez más desesperado, el Ministerio del Interior marroquí en una breve declaración da a conocer el hecho y expresa que sus fuerzas de seguridad destinadas a impedir el salto de clandestinos “se vieron obligadas a hacer uso de sus armas en legítima defensa”. Ese mismo día Marruecos –no lo había hecho en quince años- acepta la devolución de 73 inmigrantes subsaharianos que son deportados desde España contraviniendo la normativa legal para estos casos. Desde Bruselas también llega la confirmación de que los 40 millones de euros que Marruecos espera desde hace años para reforzar la seguridad de sus fronteras serán transferidos en breve por la Unión Europea para combatir a todos aquellos hombres y mujeres que no disponen de un código de barras Schengen.
Aquel fue el último salto masivo de los inmigrantes subsaharianos sobre las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla.
¿A donde los llevan a morir?
Los primeros testimonios de lo que verdaderamente estaba sucediendo con los inmigrantes subsaharianos, que habían fracasado en su intento por saltar la valla y habían caído en la cacería policial marroquí, llegaron también por móvil en los primeros días de octubre y de ahí no pararon hasta finales de mes.
La presión diplomática española y de la Unión Europea para que Marruecos aplacara la presión migratoria en su territorio causó efecto rápidamente. En pocos días el Reino Alahuita destruyó los campamentos de los subsaharianos, talo los bosques cercanos a la valla, realizó redadas extensivas por las zonas rurales y urbanas de todo el norte marroquí y detuvo a todo negro subsahariano fuera ilegal, legal, demandante de asilo político o bajo la protección certificada de ACNUR, no hubo contemplación ni siquiera con los heridos, las mujeres o algunos niños. Las caravanas de la muerte cargadas de inmigrantes subsaharianos se pusieron en marcha desde toda la cartografía norte de Marruecos. Iban esposados, con hambre, las heridas abiertas y el alma rota tras comprobar por las ventanillas del autobús como las luces de Ceuta o Melilla cada vez parpadeaban con menos intensidad mientras los autobuses se internaban en el desierto con destino desconocido. Hasta entonces era costumbre que la policía marroquí deportara a los sin papeles hacía la ciudad marroquí de Oudja fronteriza con Argelia. Luego los invitaban a cruzar hacía el otro lado de una frontera que permanece cerrada desde 1994 por diferencias profundas entre Rabat y Argel. Y pese a ello, una y otra vez, los deportados, los eternos pasajeros en tránsito volvían a recorrer los 120 kilómetros que separan a Oudja de Melilla. Sólo eran cinco días de viaje a pie. Esta vez todo sería distinto.
Delante de nosotros sólo hay arena, piedras, colinas y mucho sol” así describía, Phillippe Tamouneke, su situación y la de centenares de compañeros que habían sido abandonados en pleno desierto fronterizo por la policía marroquí después de recorrer cientos de kilómetros de viaje esposados y sin ayuda médica o alimentos en las caravanas de autobuses. Con su teléfono móvil que había podido camuflar, el congoleño contactó con los miembros de Médicos Sin Fronteras (MSF) que desde hace más de dos años tienden una mano mucho más que sanitaria al colectivo migrante que realiza las rutas clandestinas de la emigración africana. El 7 de octubre dos médicos y un ayudante de la organización de MSF localizan a más de 500 subsaharianos hambrientos, sedientos y en pleno desierto fronterizo con Argelia en la localidad de Ouina- Souatar. Aquellas primeras fotografías realizadas por los miembros de MSF a los subsaharianos que iban apareciendo por el desierto en búsqueda de agua y comida fueron el testimonio gráfico de que la pesadilla era una realidad y no una burda campaña comunicacional orquestada por las ONGs, colectivos sociales y los portales de información independientes que desde hace día venían denunciando las deportaciones masivas de los inmigrantes hacía el interior del desierto.
Tres días más tarde un reducido grupo de periodistas y activistas de la Asociación de Amigos y familiares de las Víctimas de la Inmigración Clandestina (AFVIC), que se habían internado en las desérticas carreteras marroquíes logran dar con los autobuses de la muerte mientras estos repostan combustible para seguir con su viaje secreto y su cargamento de seres humanos.
Y ahí están ellos nuevamente; desesperados, sedientos, pidiendo ayuda en francés, español, inglés, olof, árabe. Sus manos negras agitan las botellas plásticas vacías de agua, van esposados de a dos y con los rostros inflamados de miedo e incertidumbre. Una mujer logra sacar medio cuerpo por la ventanilla pequeña y en un trance real, entre la vida y la muerte, repite por largos minutos con desgarro help, help, help mientras socializa al mundo televisado su pena inmensa. Ella y los niños no saltan la valla sino que intentan cruzar por los peligrosos acantilados de Melilla o en patera surcando las aguas del estrecho.
Otro joven subsahariano no aguanta más y se lanza fuera del autobús mientras su compañero de cadenas queda al interior de este con su mano extendida al vació. Todos deben saber que está gente nos está matando- grita otro hombre- aprovechando la presencia de los periodistas. Miembros de la AFVIC colocan su cuerpo sobre el asfalto para impedir que los autobuses de la muerte inicien nuevamente la marcha. No lo logran.
Rabat, Madrid, Bruselas, el desierto del Sahara y el Frente Polisario
La diplomacia española y europea exige el respeto de los derechos humanos para con los inmigrantes de parte del gobierno marroquí, éste a su vez contesta que esta resolviendo un problema que aqueja a la vieja Europa a petición de ellos mismos. Finalmente desde Rabat sale la orden para que los militares vayan en búsqueda de los que abandonaron días antes para reagruparlos en ciudades como Bouârfa, Bouâname, Taouz, Oujda. Los que son ciudadanos de Malí y Senegal (más de un millar) son separados del resto porque a última hora y bajo la presión humanitaria y económica de la diplomacia sus países se han apresurado en firmar acuerdos de repatriación y ordenado a sus cónsules que dejen los despachos y vayan al desierto a localizar compatriotas.
El resto son nuevamente subidos a los autobuses de la muerte que terminan por abandonarlos en el desierto más inhóspito del sur después de dejar atrás las ciudades de Smara y Aargub, esta última a más de 1.650 kilómetros de Ceuta. Los llevan ahí donde las cámaras de televisión, ni las ONGs., ni siquiera un equipo del alto comisionado de la ONU para los refugiados y desplazados puede llegar. El mismo día en que el Vicepresidente de la Comisión Europea, Franco Frattini, alertaba a los ministros de interior y justicia de los países miembros que más de 30 mil emigrantes africanos esperaban en Argelia y Marruecos su oportunidad para entrar en la Unión Europea, se confirmaba la noticia de que centenares de ellos estaban perdidos y muriendo en la zona del Sahara Occidental, después de ser abandonados tras el muro de defensa marroquí que enclaustra al pueblo saharahui.
Entre estos dos puntos una extensa franja de desierto plagada de minas antipersonales que dejó sembradas el ejército colonial español antes de su retirada en 1976, otras miles han sido plantadas con los años por Marruecos que no acepta la independencia del pueblo saharaui y ocupa desde entonces el Sáhara Occidental saltándose las resoluciones de Naciones Unidas. Precisamente la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) destacada en la zona entra de lleno en la localización de los subsaharianos que cuentan por telefonía móvil como algunos de sus compañeros de travesía han muerto, mientras intentan buscar algún detalle geográfico en la inmensidad del desierto que pueda distinguir el lugar donde se encuentran perdidos. Los helicópteros de la MINURSO sobrevuelan el muro minado que separa a la zona controlada por Marruecos de la del Frente Polisario, encuentran grupos dispersos pero ninguno pertenece a quien ha originado la llamada de auxilio. Centenares de subsaharianos quedan en manos del Frente Polisario quien les brinda ayuda humanitaria y los cobija hasta que ellos mismos decidan si volver a casa o emprender rumbo al norte por una nueva oportunidad de saltar al otro lado del abismo.
Ahora es el turno de la alta diplomacia europea que está a punto de firmar con Marruecos un convenio de deportación para devolver a todos aquellos que llegan a Europa desde su territorio. Se afinan acuerdos de expulsión con los países africanos para que acepten la devolución de los que han fracasado en su intento por convertirse en emisores de remesas que equilibran las periféricas economías subsharianas post-coloniales. Muchos piensan en un plan Marshall para el continente africano, mientras paralelamente se debate en privado la idea de Tony Blair
- rechazada en 2003- de crear Centros de acogida -internamiento- de inmigrantes africanos en los países de tránsito, se intenta con esto, deslocalizarlos, atajarlos, antes de que puedan siquiera llegar a divisar la verja fronteriza de Ceuta o Melilla o embarcarse en una patera saturada de historias mínimas que zarpa desde las costas libanesas hacia la isla italiana de Lampedusa.
Las muertes de Ceuta y Melilla y la posterior deportación y abandono en el desierto de millares de inmigrantes subsaharianos dejaron de aparecer en los medios con el transcurso de los días y a medida que los primeros coches de fuego comenzaban a iluminar los barrios populares de París habitados en su mayoría por chicos franceses de origen magrebí y subsahariano que saldaban otro tipo de cuentas con el modelo de exclusión social francés.
julio 07, 2008
UE: Girando a la derecha
La vieja Europa y sus gobiernos de derecha (Francia, Luxemburgo, Italia, Bélgica, Irlanda, Alemania, República Checa, Polonia, Dinamarca, Holanda, Eslovenia, Malta, Grecia, Rumania, Estonia, Letonia, Suecia, Finlandia) sustentan estos cambios y se han convertido en una alianza conservadora que marca el ritmo y contenido a Bruselas. No sólo es Sarkozy embarcado en su cruzada ideológica por borrar de la historia francesa toda reminiscencia de aquel mayo del 68, o los delirios neofascistas de Silvio Berlusconi. La histórica imagen de tolerancia y solidaridad de países anglosajones como Holanda se desvanece ante el constante avance del miedo al otro (musulmán sobre todo) que capitalizan grupos de extrema derecha que ya no están pateando negros en la esquina sino que despachando leyes para reducir al máximo no sólo las posibilidades de que lleguen más extranjeros, sino que creando nuevas directrices para expulsar o joder un poco más la vida a los que ya están dentro desde hace años. Y también están los otros, algunos de los nuevos socios de la Unión Europea ( Estonia, Letonia, Polonia, República Checa, Rumania) que ya han dejado muy atrás el yugo comunista de la URSS para transformarse en el lacayo de Washington y esclavos del neoliberalismo más furioso. No es casual que las grandes transnacionales se trasladen a estas latitudes en busca de mayores desregulaciones laborales, ni tampoco que ofrezcan su territorio para el escudo antimisiles que desplegará EE.UU. en Europa, ni que cada vez que puedan patrocinen sanciones en contra de Cuba (República Checa, Polonia) y su población desde la ONU, la UE o desde cualquier estrado que acerque a sus gobernantes a la política real.
Los gemelos polacos y su fanatismo conservador católico reparten hostias en el carnaval europeo, mientras en el parlamento la minoría socialdemócrata europea vota a favor o se suma en el silencio a este juego de máscaras, los verdes y otros logran de vez en cuando enviar una comisión rogatoria de diputados europeos a algún centro de internamiento de extranjeros para comprobar in situ que aquello no es otra cosa que una cárcel con todo lo que ello implica.