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marzo 06, 2014

Apuntes políticos de un febrero furioso


(Ucrania: Otra escala del shock neoliberal europeo)
La efímera revolución ucraniana que derrocó a Víctor Yanukóvich hace más de una semana y que pronto fue copada por el bloque derechista, tan ultranacionalista como católico, hoy negocia con la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) un rescate económico por sobre los quince mil millones de euros. Estados Unidos ya se ha apresurado a poner mil millones. Si hace tres meses Yanukóvich firmaba su sentencia política al no suscribir un acuerdo comercial que acercara Ucrania a Europa, ahora los representantes del EuroMaydan entre bambalinas suscriben la capitulación social a través de los ajustes estructurales de la economía que tendrán que llevar acabo. Esto se negocia lejos del foco informativo, porque ahora la noticia está en la región de Crimea (60% de origen ruso) que ha sido copada militarmente por el ejército ruso. La única certeza a estas alturas, es contemplar que cuando aún no se apaga el humo de las barricadas en la plaza de la Independencia, al aeropuerto de Kiev llegan los liquidadores sociales para implementar otra política de shock económico neoliberal en Europa.

Los ucranios ni siquiera han podido celebrar el efímero triunfo de su revuelta social que en el fondo quería derrocar a un sistema injusto y corrupto que representaba Víctor Yanukóvich y su clase política empresarial, que también incluye a Yulia Timoshenko, la gran ganadora de estos días. Aún es pronto para aventurar acontecimientos pero hay elementos para hacerse una idea de lo que viene porque el camino de Ucrania hace mucho fue trazado por la lucha política-económica-militar de EE.UU-UE-OTAN frente a la Rusia de Vladimir Putin y su histórica área de influencia, más aún, en este frágil nuevo orden mundial en construcción. Y ahí entre medio, están los millones que un día gritaron libertad y ahora lo único que recibirán serán grandes dosis de liberalismo económico que quedarán tatuados en sus cuerpos.

Si bien asistimos a furiosos y masivos levantamientos sociales en el mundo, no deja de llamar la atención que estos son neutralizados prontamente por el reacomodo capitalista lo mismo en la llamada primavera árabe o en los países del sur de Europa donde la indignación social ha sido domesticada por el sistema. En Egipto la revolución social de la plaza Tahrir que derrocó la dictadura de Hosni Mubarak ,auspiciada económica y militarmente por Washington y las potencias europeas durante décadas, naufragó más temprano que tarde entre la injerencia internacional y la arrogancia de Morsi y los Hermanos Musulmanes que habían llegado al poder por la vía democrática y justo cuando cumplían un año fueron derrocados por un golpe militar de la misma clase política-militar-empresarial que volvió a retrotraer la historia a los tiempos de la represión política más sanguinaria, en donde los muertos se mezclan con los miles de presos políticos tachados de terroristas, muchos han sufrido torturas y otros no aparecen en ninguna lista de detención; están desaparecidos. Hacer periodismo crítico en Egipto por estos días te lleva a la muerte, la cárcel, la violación o en el mejor de los casos a la expulsión del país. La próxima llegada al poder de Abdelfatah  Al Sisi ya ha sido bautizada por la comunidad internacional, en su defensa, exclaman que Egipto y la región necesitan estabilidad, o lo que es lo mismo, mano dura y dólares frescos.

Peor suerte le ha tocado a Siria en donde lo que comenzó como un levantamiento popular y pacífico de protesta en las calles, pronto se transformó- producto de la represión del régimen- en un incipiente levantamiento armado que en el primer año de combate lo componían los vecinos del barrio y los cientos de soldados que desertaban de un ejército que ordenaba bombardear sin contemplación a la población civil. Aquello derivó en una guerra civil de carácter sectario en donde a estas alturas el régimen de Bachar El Assad, el Ejército Libre de Siria, el Frente Al-Nusra, el Ejército Islámico de Irak y el Levante (EIIL), ambos de la orbira de Al Qaeda, y Hezbolá… son sólo una pieza más del ajedrez geopolítico mundial que libran lejos de sus fronteras Estados Unidos, Rusia, China, Irán, Israel, la Unión Europea, las Monarquías de los petrodólares de Qatar y Arabia Saudí, …,mientras tanto, y después de tres años y casi 200 mil muertos y más de cuatro millones de desplazados y refugiados, se cuela por estos días la fotografía del campo de refugiados palestinos de Yarmuk, cerca de Damasco, en donde miles de personas se agrupan con sus rostros de hambre por un bocado que traen algunos camiones, tras romper el cerco militar al que han estado sometido el último año y medio. Se calcula que más de 300 mil civiles están atrapados en ciudades derruidas, sin alimentos y continuamente bombardeados, a la espera de un corredor humanitario que nunca llegará porque la llamada comunidad internacional no está para esos menesteres.

Europa huele a fascismo
Aquella preocupación occidental- siempre arrogante en el tema de los derechos humanos- duró apenas un par de minutos en los telediarios españoles porque la noticia durante días fue la caída de Whatsapp y el pánico social que provocó en millones de personas, encontrarse durante cuatro horas, solo consigo mismas. Gracias a su mayoría absoluta el PP  por aquellos días sacaba adelante su reforma Express de la Justicia Universal –presionados por China- para que ningún juez español de ahora en adelante se declare competente para investigar violaciones de los derechos humanos que se cometan en territorio extranjero y están condenados a la impunidad. A Pinochet le llegó tarde la medida, pero muchos otros que siguen sus pasos se beneficiarán de aquello.

En seguida llegaron las imágenes de la Guardia Civil española en la playa del Tarajal (Ceuta) reprimiendo con su material antidisturbios; pelotas de goma, botes de humo, salvas de fogueo a un grupo de inmigrantes subsaharianos que querían saltar la desigualdad de la frontera norte-sur. Esta vez habían dejado atrás las vallas de seis metros y sus cuchillas afiladas y lo intentaron por mar, arropados con un artesanal flotador para bordear un espigón miserable, ahí, entre el pánico de las descargas y viendo las luces de España palpitar en las farolas se ahogaron quince. Otra tragedia evitable en el estrecho de la muerte, otra crónica deshumanizadora para la hemeroteca de la Europa blindada esta vez en aguas españolas. Hace unos meses fue en Lampedusa (Italia) donde dejaron que murieran ahogados 350, mañana puede ser en cualquier parte del estrecho a medida que las rutas de la inmigración clandestina se multiplican porque el hambre y las guerras- algunas abiertas otras de baja intensidad- se mezclan con la desazón al contemplar como la tierra, los recursos que genera esta y la riqueza mineral va perteneciendo ya casi por completo a potencias extranjeras, o en su defecto, a corporaciones financieras transnacionales que especulan lo mismo con el trigo, el arroz  o la soja en los mercados a futuro de alimentos. De ello vienen huyendo y en ello se les va la vida.

Hace unas semanas los suizos decidieron por referéndum que no quieren más inmigrantes; ni europeos, ni del resto del mundo, que cerrarán sus fronteras a la libre circulación de personas del tratado Schengen. Eso sí, se han apresurado a decir que seguirán recibiendo con los brazos abiertos los depósitos bancarios de cualquier representante del lumpen burgués del mundo globalizado gracias a su secreto bancario. La libertad de movimiento en la región queda en entredicho, quizás el logro más tangible de la UE también comience a desmoronarse como sucedió con el euro y el estado de bienestar tras tanto shock neoliberal aplicado por la Troika en estos años y los que aún vienen. En las próximas elecciones al parlamento europeo (25 de mayo) la extrema derecha rubricará su discurso xenófobo y nacionalista con contundencia en las urnas. Su mayor triunfo es el de marcar la pauta en el discurso excluyente y la construcción simbólica de un enemigo interno que en tiempos de crisis ya no es necesario. A estas tesis se suman las formaciones políticas de derecha conservadora o liberal que huyen del centro y también los socialdemócratas como en el caso de François Hollande. Es muy probable que Marine Le pen, cabeza del ultraderechista Frente Nacional (FN) francés sea la que descorche la primera botella de Moët & chandon para celebrar la consolidación de una Francia que hace mucho abandonó el camino de la Igualdad, libertad y fraternidad. La ascensión de la ultraderecha europea no sólo quedará reflejada en Francia con el probable 30% de votos al FN, sino que el ascenso de los ultras nacionalistas euro escépticos y de carácter fascista que avanzan lo mismo en Inglaterra, Holanda, Bélgica, Inglaterra, Dinamarca, Bulgaria, Hungría, Rumania, Austria, Italia, Grecia, con su discurso del odio que en estos tiempos de crisis económica e identitaria ganan adeptos en márgenes sociales que en otro tiempo de la historia estuvieron escorados hacía la izquierda. No corren buenos tiempos para los inmigrantes en Europa, tampoco para los solicitantes de asilo político que vienen huyendo de guerras y sentencias de muerte, como por ejemplo ser homosexual en Uganda, checheno en Moscú o reportero de crónica roja en Michoacán.     

Otra vez Venezuela
El huracán informativo hace semanas que también remite a Venezuela construyendo la sensación mediática de que está vez sí la oposición está a punto de terminar con el proceso bolivariano, no en las urnas, sino que en las calles a través de un golpe de estado civil sustentado en la agudización de la violencia política. Ya van más de 18 muertos, cientos de heridos y detenidos, los muertos son sobre todo opositores, también hay oficialistas y otros que simplemente recibieron un balazo impune al azar o que murió degollado en su motocicleta por un cable colocado en el camino que lo llevaba de vuelta a casa después del trabajo. Hay un exceso de gatillo fácil que siembra el pánico todos los días producto de la delincuencia enraizada que ni el neoliberalismo en su momento, ni la llamada revolución bolivariana han podido siquiera controlar. Y de ahí, que sea normal que la gente, mayoritariamente capas medias y altas, se eche a la calle para protestar por esa inseguridad, que castiga a todos por igual, que estén cansados del desabastecimiento comercial y la especulación de los precios que encarecen la vida. Sin embargo, no están dispuestos a sumir que en este tema mucho tiene que decir el empresariado antichavista que a estas alturas da para mucho y ocupa técnicas golpistas añejas que nos remiten a los tiempos de hacer parir la economía en busca de un quiebre de la institucionalidad democrática.   
Al cumplirse un año de la muerte de Hugo Chávez, Venezuela no está a punto de explotar sino que arde otra vez producto de la intransigencia opositora que desde hace años se acostumbró a desconocer sus derrotas políticas. Y también, arde porque los errores que una y otra vez viene cometiendo Nicolás Maduro en la conducción de un proceso social que involucra mucho más que a Venezuela también se han vuelto costumbre. Como conductor de autobús que fue, se podría decir que Maduro está llevando una conducción errática; de verborrea violenta en cada cruce de caminos en que se presenta la oposición de siempre acarreada por un ultra derechista con carácter de mártir propagandístico que busca el caos y la solidaridad extranjera. Ayer fue Enrique Capriles,hoy es Leopoldo López. Maduro no está en lo que tiene que estar porque aún ha sido incapaz de desprenderse de la figura de Chávez, que estuvo pero ya se fue, de ahí que con sus tesis de los pajaritos y llamar a todos los opositores fascistas y no controlar el gatillo fácil de sus bases no hace más que alimentar la fogata venezolana que en la última década ha estado salpicada de golpes y contra golpes.

Son muchos los que en Venezuela, pero sobre todo en el extranjero, esperan con ansias de que por fin triunfen las tesis de los que quieren ver una Venezuela en donde la primera bandera que se ponga tras el derrocamiento, sea la de la democracia totalitaria del libre mercado y de ahí caiga como un dominó sobre Ecuador, Cuba, Bolivia y todo el resto del continente. Hace unos días,Enrique Krauze, director de la revista Letras Libres publicaba una columna de opinión en el diario El País llamando la atención sobre lo solos que están los estudiantes venezolanos en- según él- su lucha por recuperar la democracia y la libertad de expresión. Y es verdad, cuesta encontrar alguna organización estudiantil latinoamericana de renombre que los apoye o convoque marchas a su favor porque la lucha social estudiantil de México a Chile está marcada por la recuperación de la vida ante un neoliberalismo radical que se viene padeciendo desde hace décadas y el poder recuperar una educación pública que entregue herramientas y no diplomas profesionales condicionados por la cuna de nacimiento.

Hablando en plata, lo que viene sucediendo en Venezuela es una ascensión de la lucha de clases en que unos quieren recuperar sus privilegios y otros quieren seguir igualando sus expectativas sociales y ya no están dispuestos a dar un paso atrás. Y en esta batalla también están presentes los agentes del mundo libre y su reserva moral con sus tentáculos financieros, periodísticos, diplomáticos que quieren ver correr más sangre en la Venezuela que mayoritariamente ha elegido su camino con un ejército de veedores internacionales tras las mayorías absolutas de Chávez o el ramplón 51% de Maduro, escaso, pero válidamente democrático.  

febrero 25, 2014

Creemos ser país y somos apenas paisaje



Son las ocho menos veinte de la mañana y aterrizo en Santiago de Chile. El pasaje se inquieta por salir rápido con sus rostros masacrados por el jet lag, todos estamos igual, pero yo he amanecido con una sospechosa sonrisa en la cara que no tiene que ver con llegar a Chile ni tampoco de irme del agujero español por tres meses. La culpable de este bello anochecer eterno por el atlántico digamos que tiene unos ojos tan profundos que cuando la miras fijamente eres capaz de ver como se escapa tu mirada en la suya. Mi compañero de asiento por casualidades de la vida es un sesentón chileno de la época del exilio que se quedó por Estocolmo y vuelve de vez en cuando para visitar a la familia. Puta que hueveaste anoche, tan joven y ya tienes problemas de próstata hueón, tanto ir al baño- me suelta a punto de salir del avión. Le pido disculpas mientras clavo mi mirada en los ojos de ella, que se despide con otra sonrisa y un hasta luego señor, gracias por volar con nosotros. Por un momento pienso en soltarle un piropo tipo andaluz de ¡guapa yo contigo volaría a cualquier parte! pero me reprimo porque está la jefa de cabina y además que yo nunca he sido de piropos ni tengo la entonación adecuada, pero lo fundamental, es que en ningún momento de la noche hemos hablado, susurrado o deslizado la posibilidad de intercambiar un número de teléfono, dirección de red social, email o cualquier dato que remitiera a un supuesto futuro. Así que la contemplo por última vez y aquella imagen me acompaña mientras entre manga, pasillos, eternas filas, por fin llego al control de pasaportes.

Buenos días- entrego el pasaporte chileno al treintañero del cubículo que tiene la placa en la solapa y su chaqueta de la Policía de Investigaciones (PDI), sus dedos revuelven las páginas, me mira de vez en cuando, y sospecho que me va  a soltar el rollo de la crisis económica española y la vuelta de los chilenos emigrantes que un día se fueron y ahora vuelven cabizbajos. Experimento la misma sensación de hace más de diez años cuando llegué por primera vez a España vía barajas en el control de pasaportes con la intención de quedarme y embolsar la cifra de inmigrantes ilegales en los meses finales de la España de Aznar. Mientras los otros controles avanzan, yo sigo clavado viendo como el policía una y otra vez pasa el pasaporte azul por el detector de imitaciones, mira la pantalla del ordenador, lo vuelve a coger y sus dedos repasan las hojas como queriendo encontrar algún detalle. Por fin me mira a los ojos y me pregunta con un desafiante tono seco- ¿cuándo te nacionalizaste?  
No entiendo- le respondo extrañado y con la sonrisa eclipsándose. En un primer momento pienso que se ha liado con la tarjeta de residencia española y el pasaporte chileno, algo absurdo, pero bueno, es temprano por la mañana y no todo el mundo tiene un buen despertar.
Que cuando te hiciste chileno- me dice de sopetón. Antes de siquiera poder decir nada, el pendejo se ha crecido tras el cristal y arremete- Rodrigo Soto…, nacido en La Paz, Bolivia, el 11 de agosto de 1975, profesión desconocida, soltero,….- y así sigue hasta que por fin se detiene y vuelve a insistir por el año en que me hice chileno.

A esas alturas, la situación desborda el absurdo, asumo que he tenido la mala suerte de toparme con el clásico policía que cree hacer patria en las fronteras. Después de unas semanas comprendería que en el Chile de hoy aquel discurso nacionalista y xenófobo- como en la mayoría del mundo- cruza a la transversalidad de la sociedad; de la ultra derecha económica neo pinochetista a la izquierda revolucionaria atragantada con la palabra pueblo, pasando por los progresistas que están encantados con las nanas peruanas. Estuve a punto de decirle, con tono de provocación, que si hubiera tenido la posibilidad de elegir no hubiera sido chileno, para joder un poco, pero venía llegando así que no había que forzar la suerte. Si bien uno se fue hace mucho de Chile, uno sabe que meterse con la llamada patria puede traer problemas de calibre, a nivel de conocidos y más con un desconocido que cumple por la mañana temprano su labor de que ningún indeseable se cuele en el bipolar milagro económico chileno..

La magia efímera de una noche, la incertidumbre de saber si cogería el avión de vuelta, los certeros gin tonic y la pregunta de cuando me hice chileno, todo ello se confundía en mi mente mientras imaginaba que un eco rotundo sonaba por la megafonía de todo el aeropuerto de SCL, aquella era la voz inconfundible de Nicanor Parra con las olas rompiendo de fondo para advertir a turistas y nacionales que tuvieran presente que aún creemos ser país y somos apenas paisaje. Así que así, sin más, pero con el apremio de responder a tamaña pregunta del ser chileno, comencé a esbozar una respuesta del porque un nacido en Bolivia tenía pasaporte chileno y residencia en España. De seguro que si hubiese nacido en Londres o Bruselas les daría lo mismo, pienso mientras ordeno las ideas para hacer el trámite corto.
-Mi madre es boliviana y mi padre chileno- le digo escuetamente.
-Ya, pero cuando te nacionalizaste- me replica.
-Nunca me he nacionalizado, nací en Bolivia porque mi madre así lo prometió el once de septiembre de 1973, la vida de mi hermana llegó aquel mismo día en que se comenzó a morir este país.- le espeto ya con mala leche. Eran tantos los vuelos que a esa misma hora llegaban de España no cargados de turistas precisamente y otros destinos que pronto el control de pasaportes estaba a rebozar, así que al tipo del cubículo no le quedo más remedio que sellarme el pasaporte chileno y dejarse de dar el coñazo. Me despidió con un bienvenido a Chile y pulsó el botón, no de pánico patriota, sino que el normal, el que anunciaba la llegada de otra víctima ante su presencia. Después vinieron a darme la bienvenida los perros del OS7 de carabineros mientras esperaba la mochila en la cinta, un barbón de esos que de seguro estaría más extasiado trabajando en la calle para pillar a unos chavales con un poco de marihuana- cara y regular- me da los buenos días y se queda al lado como esperando que su perro salte sobre mi mochila que aún no aparece. Hago un repaso mental de lo que traigo o creo traer esperando que salte alguna alarma por si quizás alguna cola de un porro se ha colado en alguna prenda. La histeria policial política chilena con el consumo de marihuana es conocida internacionalmente por su prohibición-penalización, lo mismo sucede con el aborto. De pronto apareció un labrador negro con su peto del SAG concentrado en su labor de pillar algún alimento o semilla prohibida. Yo cogí mi mochila y por fin salí, porque en el fondo lo único que traía eran unas botellas de vino y la mente abierta para reinterpretar al país que uno había dejado por voluntad hace una década. Así que cogí ese carrito de la vida que siempre estará lleno de retazos, equidistantes unos de otros, y salí a encontrarme con la fresca niebla de Pudahuel. 

marzo 01, 2012

Pequeño manifiesto inmigrante



No tenemos voz ni representación política porque los márgenes de su querida y avanzada democracia occidental no tolera la figura de las minorías activas. Aquello no nos quita el sueño porque el espacio desde dónde todo siempre ha cambiado se traduce en la calle y la recuperación de esta por parte de todos los invisibles. Para el capital local-transnacional, su clase política de turno y la mansedumbre que no ha logrado revertir la educación del pensamiento único y excluyente, los inmigrantes- somos y seremos- nada más que mano de obra barata al servicio de su sistema de desarrollo y acumulación material. No son pocos los que resoplan en la cola del paro al ver nuestros rostros demacrados juntos a los suyos por una prestación ganada con el sudor de la frente, un subsidio cada vez más exiguo, o simplemente, estar ahí, para inscribirse como demandante de empleo y poder coger un curso de formación diseñado por algún burócrata de la urgencia laboral que no conduce a ninguna parte.
Son tiempos de desempleo y precariedad laboral que golpea con fuerza a toda la clase trabajadora y en eso no debe haber distinción, ni atajos emocionales. Todos los días en la geografía española más de 300 familias son desahuciadas por no cumplir con la tiranía de hipotecas que en el fondo sólo han ayudado a sobrevalorar el precio de la vivienda, y a vivir, única y exclusivamente, para sustentar las cuatro paredes del abismo familiar. Ahora son miles, de aquí y de allá, los que se van a la puta calle después de dejar de pagar unas letras siempre variables y abusivas. La banca siempre gana y ahora no sólo se queda con los pisos sino que además de por vida te cobrarán, lo que según ellos, aún les debes. En madrugadas desoladas son muchos los que empaquetan sus cosas antes de que una comisión judicial con protección policial y cerrajero autónomo se presente a expulsarte de lo que debiera ser un derecho social y no una mercancía al alero de especuladores.

No son pocos los que nos acusan de delincuentes, sin embargo, no les tiembla la moral a la hora de contratarnos para cuidar a sus niños. Para levantar el sueño nefasto de la propiedad privada o servirles su cafecito caliente por la mañana. Pasamos más tiempo con sus abuelos- en jornadas agotadoras y esclavizantes- que sus propios hijos que ya no tienen tiempo, o interés, para siquiera llevarle una bolsa de frutas mezcladas con cariño a aquellos otros olvidados de la historia española que se pudren en la soledad de sus pisos. Pronto llegará el día en que también algún margen de histéricos nos señale con su dedo inquisidor de que somos los culpables del cambio climático con nuestras idas y venidas. La poesía de la nostalgia será cuantificada en contaminación de CO2 y quizás nos impondrán una tasa especial.
Aquí en España-como en el resto del mundo- nadie es racista, todos quieren una inmigración ordenada. Sin temblarles la voz te hablan de sus abuelos o padres que partieron una noche de la larga dictadura franquista porque el hambre apremiaba, eso sí, con sus papeles en regla y el bocata de chorizo en la maleta. Otro mito nacional que se engarza a que los inmigrantes que hoy vivimos acá tenemos las mejores plazas de los colegios, una vivienda subsidiada por el estado o un trato preferencial a la hora de buscarnos la vida. Por casualidades de la vida el enemigo interno se configura a partir del trabajador explotado que cobra menos, pero nunca en su escala de valores estará presente el empresario que nos explota, a ti y a mí, porque en su concepción reduccionista de la vida, uno da trabajo y el otro solamente vende su mano de obra.

Son tiempos difíciles para todos, afirman con soltura las voces que pavimentan el camino al neoliberalismo más extremo que recién España está conociendo. Los que nacimos en aquel modelo resguardado por alguna dictadura militar, contenemos el aliento y nos enfrentamos a las paradojas de la historia, la universal y personal, que al final se funden para configurar una sola. El estado benefactor como garante de la cohesión social no tiene cabida en la ideología neoliberal que día a día va recortando los derechos sociales básicos. La educación pública de calidad que aseguraba la movilidad social de la población hoy está en retirada, el acceso a la sanidad pública con garantías se recorta y pronto se impondrá el copago o derechamente la privatización de la atención y los quirófanos. Los viejos pensionistas que dejaron sus mejores años para refundar este país, ven menguar o congelar su pensión porque según los tecnócratas todos tienen que sacrificarse de la misma manera. Y qué decir de los derechos laborales que costaron sangre y sudor para ser desmantelados en alguna reunión de madrugada por los socialdemócratas de turno y los populares que ya están aquí con su reforma laboral que legaliza la precariedad laboral.

Así las cosas y pese a la intensificación de su empeño por erradicarnos sólo me queda decir que muchos seguiremos en la porfía de no abandonar el barco cuando se está hundiendo. No hemos sido paridos por el sistema de valores del Capitán del Costa Concordia, ni tampoco domesticados por sus liquidadores político-sociales que desde hace décadas vienen confundiendo a las llagas del hambre carcomiendo los labios, con los pezones exclusivos del puticlub de lujo que aquellos degustan tras cada viaje y shock económico. Que no se crean que tenemos hechas las maletas bajo la cama esperando el momento de esquivar el golpe económico para volver. Llegará el día en que quizás asumamos que la vida es algo mucho más complejo que una maleta, una cuenta bancaria o una patria que se resume en una bandera.

Sepan ustedes que otra reforma a la Ley de extranjería para limitar nuestros derechos no provocará un éxodo masivo al aeropuerto del Prat o Barajas. Ni siquiera sus redadas policiales para cumplir con el cupo de expulsiones asignadas a cada comisaría nos atemorizan, ni tampoco el ser internado en el olvido social carente de derechos en que se han transformado sus Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). Ya sabemos que nos harán la vida más difícil, sospechamos que en este 2012 se cerrarán todas las puertas legales para que los inmigrantes que llevan más de tres años en España no puedan regularizar su situación. Adiós al arraigo laboral o social como mecanismo para que los supuestos invisibles se hagan legales, volverán las épocas en donde se engordará la bolsa de inmigrantes sin papeles, miles de hombres, mujeres y niños tendrán que volver a afinar la mirada e intentar pasar inadvertidos en las ciudades, esquivando las redadas a la caza del inmigrante.

Dicen que somos muchos, demasiados, a lo sumo, un error de buena voluntad administrativa sólo posible en épocas de bonanza económica. Todos los días miles de ciudadanos se suman a sus tesis y robustecen su poder en las urnas llegado el momento. Lo que hasta hace unos años era para muchos analistas un fantasma marginal acotado a realidades concretas, hoy es una opción política que no se muerde la lengua a la hora de radicalizar su discurso contra el otro para ganar votos. La contundente y profunda crisis económica y de sentido identitario que asola a España y Europa es el abrevadero perfecto para que millones sigan comiendo mierda envenenada; de Badalona a Milán, de París a Copenhague, de Bruselas a Praga, de Ámsterdam a Bucarest, de la Unión Europea al Tea Party norteamericano, avanza contundente el nuevo orden psicosocial del capitalismo y su vertiente xenófoba.

Que se escuche y comprenda bien de una vez, ni victimas ni victimarios, sólo un engranaje más de la máquina social que está en movimiento. De alguna manera, TODOS nosotros somos efectos colaterales del capitalismo más despiadado que vosotros recién vais a conocer y por ello mismo no los abandonaremos en este instante en que la indignación crece y hay que dotarla de contenido y resistencia global.

diciembre 28, 2009

Protocolos de navidad


La mayoría de los viandantes no se percatan de esta pieza gráfica estampada en la cabina telefónica. Por la mañana, tarde y noche van de aquí para allá con el espíritu navideño grabado en las bolsas que se acumulan tras cada tienda que visitan. Son muchos años de clavar el ojo avizor sólo tras lo que se expone al otro lado del escaparate o en los cuatro pilares fundamentales de su vida privada; por eso vagan en manadas, para no perder el rumbo y quedar extraviados en algún callejón del centro histórico y poco comercial en donde sólo hay una farola que desdibuja siluetas perfectas. El discurso comunicacional del terror que acrecienta la crisis económica desde principios de año, se apacigua y hace del gordo de la lotería española el caudillo de la esperanza nacional por estos días.
Las colas fueras del INEM siguen recibiendo a los efectos colaterales de otra crisis del capitalismo para recibir su prestación por desempleo, mientras desde la orilla de la parodia empresarial se exige el despido más barato y fulminante. Hace unos días el presidente de la patronal española, Gerardo Díaz Ferrán, mandó a toda la plantilla de su aerolínea Aircomet a la puta calle, ya llevaban más de seis meses sin cobrar y ahora ni siquiera pueden ir al paro porque no están finiquitados, siete mil pasajeros sin un ala de metal vagan por Barajas desde hace días en otra estafa de cuello blanco.
No quedan plazas en otros vuelos para poder embarcarlos a todos, hay asientos comprados con mucha antelación por el Estado español a las líneas comerciales para deportar a los inmigrantes sin papeles que fueron cazados en alguna plaza de Madrid a media tarde cuando se volvía del curro, o cuando tuvo que ir al locutorio para asegurarse de que había alguien al otro lado del auricular que seguía esperando por su voz entrecortada. Otros esperan su repatriación forzosa en las cárceles de la libertad de movimiento que tienen el nombre de CIE (centro de internamiento de extranjeros) y que se multiplican por la Europa moderna.

junio 03, 2009

¿Y tú, cuándo te vas?



Apuntes sueltos para un futuro manifiesto inmigrante I

El comentario en tono de pregunta emana de la barra de un bar que podría ser cualquiera de la geografía española a eso de las ocho o nueve de la noche. No es un amigo, un colega, siquiera un conocido, a lo sumo, un espontáneo más que por alguna circunstancia se ha colado en una conversación siempre con la puerta entre abierta. De madrugada, de vuelta a casa, caminando un poco borracho por el bulevar y escuchando a Camarón, la pregunta sin respuesta concreta se transforma en una bomba de racimo de la cual hay que dar cuenta sin mayores obstrucciones mentales. Una pregunta quizás motivada por la crisis económica real que se vive y el aumento del paro con su 18 por ciento que dobla la media de la Unión Europea, el bombardeo diario de malas noticias económicas se multiplican como los casos de corrupción política de alto nivel popular que se han normalizado en el sentido común callejero, pocos ya se sorprenden con las utilidades de la banca que ha cortado el grifo del crédito y todos los días ejecuta embargos de casas sobrevaloradas por la resaca de la especulación inmobiliaria que también saltó por los aires hace más de un año. Y sí a esto le sumamos una dosis de política real que se ha trazado la misión de criminalizar a la inmigración no es casual que el inmigrante ante los ojos de algunos haya pasado de figura fantasma productiva a enemigo interno que lo mismo te lo encuentras en alguna cola del INEM o en un espacio cerrado antes de una cotizada entrevista de trabajo.
La respuesta a el tú cuando te vas se alzó entonces como una provocación a la cual contestar desde una perspectiva interna sin contemplaciones y tan amplia como los sentidos de los viajes migrantes imposibles de resumir en una frase o testimonio personal; porque el territorio corporal ya está mezclado con los nuevos pliegues sociales en multitud de puntos de fuga que sobrepasan el diseño político-social de la arquitectura inmigrante enmarcada exclusivamente en su valor de uso productivo. Una respuesta construida por una multitud de voces silenciosas fragmentadas en cuerpos que se rotulan eufemísticamente desde las relaciones de poder como legales e ilegales. O sólo quizás un espasmo motivado por el silencio eterno en que se ahogan los gritos inmigrantes que siempre viajan de un lado a otro en los trenes de cercanía que no llevan a ninguna parte.
Todo viaje es una huída; una búsqueda consentida o empujada por la realidad de la sobrevivencia tras tanto desastre capitalista que ha fomentado la creación de un mundo bipolar arraigado en la desigualdad patológica. Los viajes migrantes son incertidumbres en donde lo único plausible es la fecha y hora del billete de ida, el resto siempre está en construcción. Otros ni siquiera tienen esa posibilidad y luego de dejar a la familia extendida africana llorando y con un nudo en la garganta en el portal de casa se hacen camino al andar en viajes de meses o años, algunos morirán en la travesía, otros serán atajados por larga mano de la política migratoria europea y sus controles de flujo que ahora pretende deslocalizar a los inmigrantes –sobre todo solicitantes de asilo- en campamentos instalados en el Magreb o África en la línea política consensuada desde la social democracia, pasando por los populares y la ultra derecha europea por robustecer la Europa Blindada.
Son días en que las leyes de extranjería de los países miembros de la Unión se endurecen lo mismo para limitar la reagrupación familiar de los residentes legales que para alargar el confinamiento de inmigrantes ilegales en algunos casos 40 días, en otros sesenta, y en más de alguno, la consigna es el tiempo que haga falta con tal de lograr la deportación del indeseable que ya no comete una falta administrativa por carecer de documentación sino que ahora se arriesga a penas de cárcel tras criminalizar la libertad de movimiento. Es el tiempo de las cacerías policiales en el barrio de Lavapies en Madrid, o quizás en Roma, luego de toparte en algún callejón con las patrullas ciudadanas de Berlusconi que ya no cazan gitanos sino que inmigrantes para limpiar la bella Italia con toda esa fuerza xenófoba de la Liga del Norte que comparte poder con Il Cavaliere. En Francia ahora que se aproxima el fin de curso escolar la policía visitará con más insistencia los domicilios de los indocumentados y así cumplir con la cuota anual de expulsiones que Sarkozy ha impuesto.

febrero 05, 2009

Entre huelgas xenófobas y bandos fascistas avanza Europa


Desayuno en una cafetería de la plaza de la Romanilla mientras repaso la prensa seria, que por cierto, ya se ha olvidado de Gaza. Fuera sigue lloviendo sobre mojado, en el periódico las siluetas del temporal económico se resumen en datos y cifras que configuran un escenario de aguda recesión económica europea y sobre todo española. Sólo en el mes de enero casi 200 mil personas perdieron su empleo en todas las comunidades españolas, España hoy dobla la cifra de paro de la Unión Europea se empina por sobre el 16 % y es probable que a fin de año se llegue a los 4 millones de parados. España ya no es lo que era, dice un hombre de mediana edad colgado a una copa de sol y sombra que ilumina su mala follada granaína; nadie recoge el guante y su comentario se ahoga en su garganta que quizás nunca gritó la palabra libertad en la calle.
La ultra derecha española y la agitación también Popular de que los españoles primero son consignas viejas que se rentabilizarán políticamente en los próximos meses a medida que la crisis social se profundice. Pese a ello, dudo que el grueso de la sociedad española y sobre todo su conciencia trabajadora actuaría como hoy lo hacen los trabajadores ingleses y sus sindicatos llevando acabo una huelga xenófoba contra los trabajadores extranjeros, que esta vez no son africanos, ni latinos, o de la serie B de Europa que se engloba en el Este, esta vez son trabajadores italianos y portugueses los rechazados.
El Partido Nacional Británico (PNB) de corte racista sin complejo, agita la disociación del parado de clase media obrera que cree ver en el vecino inmigrante a su enemigo económico, si antes compartían una caña ahora muchos comparten incertidumbre económica, y ser tan iguales en una situación límite, a muchos no les gusta. Quizás porque ahí comprenden lo insignificante de los grandes conceptos como patria o globalización, cuando en un abrir y cerrar de ojos todo se va al carajo porque sólo era un sueño más del delirio capitalista global que se resumía en buenas dosis de consumo desenfrenado, especulación financiera, pero por sobre todo, en ese barniz cultural moderno que amplificó la imagen cultural del exitismo personal que se traducía en un piso nuevo a estrenar, un coche a pagar y una hipoteca que los acompañaría por lo menos treinta años, siempre con un Euribor variable, como las emociones de la vida misma, pero esta vez con saldo negativo a pagar en metálico cada fin de mes.
Desde hace un par de años que a Granada siguen llegando jóvenes italianos que van en búsqueda de un poco de oxígeno ante tanto neo fascismo real en que está envuelta la bella Italia desde hace ya tiempo. Silvio Berlusconi y su ministro del Interior, Roberto Maroni -otro señor ácido que ha parido la historia moderna- día a día avanzan en su cruzada católica y xenófoba para hacer de Italia un país limpio de gitanos, inmigrantes, homosexuales, izquierdistas….se hace fuerte el discurso oficial descaradamente racista que alimentan sus socios también racistas y violentos de la Liga del Norte. Por estos días saldrá del senado el Decreto Ley de Seguridad contra los inmigrantes sin papeles que es la joya panfletaria de Berlusconi en su campaña de tolerancia cero para hacer de Italia un país más seguro, aplicando lógicamente el binomio: inmigrante = delincuencia. Se calcula que en Italia puede haber entre 400 y 500 mil inmigrantes sin código de barras. Ahora a cualquiera de ellos se les negará la posibilidad de registrar matrimonios o nacimientos, multas de hasta diez mil euros caerán sobre sus espaldas y también está abierta la posibilidad de pasar un año y medio en la cárcel a la espera de una expulsión por el sólo hecho de una estancia no reglada. Los médicos de los hospitales deberán dar el chivatazo a la policía cada vez que llegue algún sin papeles, se perseguirá y castigará con dureza a aquel italiano que alquile su casa a alguno de los perseguidos del nuevo siglo.
Pago la cuenta y cruzo la plaza esperando que la lluvia me sacuda un poco el rostro, que enjuague los poros cargados de malas noticias para todos nosotros, los eternos pasajeros en tránsito de la aventura inmigrante. Son días para la resistencia y la movilización ante el retroceso de los derechos sociales conseguidos en Europa, son días para cargar de besos la mochila y echarse a la calle a buscarse la vida y no amargarse en el intento, son días de furia capitalista en donde la banca privada mundial nuevamente gana mientras nos disciplinan con el miedo. Y así estamos.