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marzo 06, 2014

Apuntes políticos de un febrero furioso


(Ucrania: Otra escala del shock neoliberal europeo)
La efímera revolución ucraniana que derrocó a Víctor Yanukóvich hace más de una semana y que pronto fue copada por el bloque derechista, tan ultranacionalista como católico, hoy negocia con la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) un rescate económico por sobre los quince mil millones de euros. Estados Unidos ya se ha apresurado a poner mil millones. Si hace tres meses Yanukóvich firmaba su sentencia política al no suscribir un acuerdo comercial que acercara Ucrania a Europa, ahora los representantes del EuroMaydan entre bambalinas suscriben la capitulación social a través de los ajustes estructurales de la economía que tendrán que llevar acabo. Esto se negocia lejos del foco informativo, porque ahora la noticia está en la región de Crimea (60% de origen ruso) que ha sido copada militarmente por el ejército ruso. La única certeza a estas alturas, es contemplar que cuando aún no se apaga el humo de las barricadas en la plaza de la Independencia, al aeropuerto de Kiev llegan los liquidadores sociales para implementar otra política de shock económico neoliberal en Europa.

Los ucranios ni siquiera han podido celebrar el efímero triunfo de su revuelta social que en el fondo quería derrocar a un sistema injusto y corrupto que representaba Víctor Yanukóvich y su clase política empresarial, que también incluye a Yulia Timoshenko, la gran ganadora de estos días. Aún es pronto para aventurar acontecimientos pero hay elementos para hacerse una idea de lo que viene porque el camino de Ucrania hace mucho fue trazado por la lucha política-económica-militar de EE.UU-UE-OTAN frente a la Rusia de Vladimir Putin y su histórica área de influencia, más aún, en este frágil nuevo orden mundial en construcción. Y ahí entre medio, están los millones que un día gritaron libertad y ahora lo único que recibirán serán grandes dosis de liberalismo económico que quedarán tatuados en sus cuerpos.

Si bien asistimos a furiosos y masivos levantamientos sociales en el mundo, no deja de llamar la atención que estos son neutralizados prontamente por el reacomodo capitalista lo mismo en la llamada primavera árabe o en los países del sur de Europa donde la indignación social ha sido domesticada por el sistema. En Egipto la revolución social de la plaza Tahrir que derrocó la dictadura de Hosni Mubarak ,auspiciada económica y militarmente por Washington y las potencias europeas durante décadas, naufragó más temprano que tarde entre la injerencia internacional y la arrogancia de Morsi y los Hermanos Musulmanes que habían llegado al poder por la vía democrática y justo cuando cumplían un año fueron derrocados por un golpe militar de la misma clase política-militar-empresarial que volvió a retrotraer la historia a los tiempos de la represión política más sanguinaria, en donde los muertos se mezclan con los miles de presos políticos tachados de terroristas, muchos han sufrido torturas y otros no aparecen en ninguna lista de detención; están desaparecidos. Hacer periodismo crítico en Egipto por estos días te lleva a la muerte, la cárcel, la violación o en el mejor de los casos a la expulsión del país. La próxima llegada al poder de Abdelfatah  Al Sisi ya ha sido bautizada por la comunidad internacional, en su defensa, exclaman que Egipto y la región necesitan estabilidad, o lo que es lo mismo, mano dura y dólares frescos.

Peor suerte le ha tocado a Siria en donde lo que comenzó como un levantamiento popular y pacífico de protesta en las calles, pronto se transformó- producto de la represión del régimen- en un incipiente levantamiento armado que en el primer año de combate lo componían los vecinos del barrio y los cientos de soldados que desertaban de un ejército que ordenaba bombardear sin contemplación a la población civil. Aquello derivó en una guerra civil de carácter sectario en donde a estas alturas el régimen de Bachar El Assad, el Ejército Libre de Siria, el Frente Al-Nusra, el Ejército Islámico de Irak y el Levante (EIIL), ambos de la orbira de Al Qaeda, y Hezbolá… son sólo una pieza más del ajedrez geopolítico mundial que libran lejos de sus fronteras Estados Unidos, Rusia, China, Irán, Israel, la Unión Europea, las Monarquías de los petrodólares de Qatar y Arabia Saudí, …,mientras tanto, y después de tres años y casi 200 mil muertos y más de cuatro millones de desplazados y refugiados, se cuela por estos días la fotografía del campo de refugiados palestinos de Yarmuk, cerca de Damasco, en donde miles de personas se agrupan con sus rostros de hambre por un bocado que traen algunos camiones, tras romper el cerco militar al que han estado sometido el último año y medio. Se calcula que más de 300 mil civiles están atrapados en ciudades derruidas, sin alimentos y continuamente bombardeados, a la espera de un corredor humanitario que nunca llegará porque la llamada comunidad internacional no está para esos menesteres.

Europa huele a fascismo
Aquella preocupación occidental- siempre arrogante en el tema de los derechos humanos- duró apenas un par de minutos en los telediarios españoles porque la noticia durante días fue la caída de Whatsapp y el pánico social que provocó en millones de personas, encontrarse durante cuatro horas, solo consigo mismas. Gracias a su mayoría absoluta el PP  por aquellos días sacaba adelante su reforma Express de la Justicia Universal –presionados por China- para que ningún juez español de ahora en adelante se declare competente para investigar violaciones de los derechos humanos que se cometan en territorio extranjero y están condenados a la impunidad. A Pinochet le llegó tarde la medida, pero muchos otros que siguen sus pasos se beneficiarán de aquello.

En seguida llegaron las imágenes de la Guardia Civil española en la playa del Tarajal (Ceuta) reprimiendo con su material antidisturbios; pelotas de goma, botes de humo, salvas de fogueo a un grupo de inmigrantes subsaharianos que querían saltar la desigualdad de la frontera norte-sur. Esta vez habían dejado atrás las vallas de seis metros y sus cuchillas afiladas y lo intentaron por mar, arropados con un artesanal flotador para bordear un espigón miserable, ahí, entre el pánico de las descargas y viendo las luces de España palpitar en las farolas se ahogaron quince. Otra tragedia evitable en el estrecho de la muerte, otra crónica deshumanizadora para la hemeroteca de la Europa blindada esta vez en aguas españolas. Hace unos meses fue en Lampedusa (Italia) donde dejaron que murieran ahogados 350, mañana puede ser en cualquier parte del estrecho a medida que las rutas de la inmigración clandestina se multiplican porque el hambre y las guerras- algunas abiertas otras de baja intensidad- se mezclan con la desazón al contemplar como la tierra, los recursos que genera esta y la riqueza mineral va perteneciendo ya casi por completo a potencias extranjeras, o en su defecto, a corporaciones financieras transnacionales que especulan lo mismo con el trigo, el arroz  o la soja en los mercados a futuro de alimentos. De ello vienen huyendo y en ello se les va la vida.

Hace unas semanas los suizos decidieron por referéndum que no quieren más inmigrantes; ni europeos, ni del resto del mundo, que cerrarán sus fronteras a la libre circulación de personas del tratado Schengen. Eso sí, se han apresurado a decir que seguirán recibiendo con los brazos abiertos los depósitos bancarios de cualquier representante del lumpen burgués del mundo globalizado gracias a su secreto bancario. La libertad de movimiento en la región queda en entredicho, quizás el logro más tangible de la UE también comience a desmoronarse como sucedió con el euro y el estado de bienestar tras tanto shock neoliberal aplicado por la Troika en estos años y los que aún vienen. En las próximas elecciones al parlamento europeo (25 de mayo) la extrema derecha rubricará su discurso xenófobo y nacionalista con contundencia en las urnas. Su mayor triunfo es el de marcar la pauta en el discurso excluyente y la construcción simbólica de un enemigo interno que en tiempos de crisis ya no es necesario. A estas tesis se suman las formaciones políticas de derecha conservadora o liberal que huyen del centro y también los socialdemócratas como en el caso de François Hollande. Es muy probable que Marine Le pen, cabeza del ultraderechista Frente Nacional (FN) francés sea la que descorche la primera botella de Moët & chandon para celebrar la consolidación de una Francia que hace mucho abandonó el camino de la Igualdad, libertad y fraternidad. La ascensión de la ultraderecha europea no sólo quedará reflejada en Francia con el probable 30% de votos al FN, sino que el ascenso de los ultras nacionalistas euro escépticos y de carácter fascista que avanzan lo mismo en Inglaterra, Holanda, Bélgica, Inglaterra, Dinamarca, Bulgaria, Hungría, Rumania, Austria, Italia, Grecia, con su discurso del odio que en estos tiempos de crisis económica e identitaria ganan adeptos en márgenes sociales que en otro tiempo de la historia estuvieron escorados hacía la izquierda. No corren buenos tiempos para los inmigrantes en Europa, tampoco para los solicitantes de asilo político que vienen huyendo de guerras y sentencias de muerte, como por ejemplo ser homosexual en Uganda, checheno en Moscú o reportero de crónica roja en Michoacán.     

Otra vez Venezuela
El huracán informativo hace semanas que también remite a Venezuela construyendo la sensación mediática de que está vez sí la oposición está a punto de terminar con el proceso bolivariano, no en las urnas, sino que en las calles a través de un golpe de estado civil sustentado en la agudización de la violencia política. Ya van más de 18 muertos, cientos de heridos y detenidos, los muertos son sobre todo opositores, también hay oficialistas y otros que simplemente recibieron un balazo impune al azar o que murió degollado en su motocicleta por un cable colocado en el camino que lo llevaba de vuelta a casa después del trabajo. Hay un exceso de gatillo fácil que siembra el pánico todos los días producto de la delincuencia enraizada que ni el neoliberalismo en su momento, ni la llamada revolución bolivariana han podido siquiera controlar. Y de ahí, que sea normal que la gente, mayoritariamente capas medias y altas, se eche a la calle para protestar por esa inseguridad, que castiga a todos por igual, que estén cansados del desabastecimiento comercial y la especulación de los precios que encarecen la vida. Sin embargo, no están dispuestos a sumir que en este tema mucho tiene que decir el empresariado antichavista que a estas alturas da para mucho y ocupa técnicas golpistas añejas que nos remiten a los tiempos de hacer parir la economía en busca de un quiebre de la institucionalidad democrática.   
Al cumplirse un año de la muerte de Hugo Chávez, Venezuela no está a punto de explotar sino que arde otra vez producto de la intransigencia opositora que desde hace años se acostumbró a desconocer sus derrotas políticas. Y también, arde porque los errores que una y otra vez viene cometiendo Nicolás Maduro en la conducción de un proceso social que involucra mucho más que a Venezuela también se han vuelto costumbre. Como conductor de autobús que fue, se podría decir que Maduro está llevando una conducción errática; de verborrea violenta en cada cruce de caminos en que se presenta la oposición de siempre acarreada por un ultra derechista con carácter de mártir propagandístico que busca el caos y la solidaridad extranjera. Ayer fue Enrique Capriles,hoy es Leopoldo López. Maduro no está en lo que tiene que estar porque aún ha sido incapaz de desprenderse de la figura de Chávez, que estuvo pero ya se fue, de ahí que con sus tesis de los pajaritos y llamar a todos los opositores fascistas y no controlar el gatillo fácil de sus bases no hace más que alimentar la fogata venezolana que en la última década ha estado salpicada de golpes y contra golpes.

Son muchos los que en Venezuela, pero sobre todo en el extranjero, esperan con ansias de que por fin triunfen las tesis de los que quieren ver una Venezuela en donde la primera bandera que se ponga tras el derrocamiento, sea la de la democracia totalitaria del libre mercado y de ahí caiga como un dominó sobre Ecuador, Cuba, Bolivia y todo el resto del continente. Hace unos días,Enrique Krauze, director de la revista Letras Libres publicaba una columna de opinión en el diario El País llamando la atención sobre lo solos que están los estudiantes venezolanos en- según él- su lucha por recuperar la democracia y la libertad de expresión. Y es verdad, cuesta encontrar alguna organización estudiantil latinoamericana de renombre que los apoye o convoque marchas a su favor porque la lucha social estudiantil de México a Chile está marcada por la recuperación de la vida ante un neoliberalismo radical que se viene padeciendo desde hace décadas y el poder recuperar una educación pública que entregue herramientas y no diplomas profesionales condicionados por la cuna de nacimiento.

Hablando en plata, lo que viene sucediendo en Venezuela es una ascensión de la lucha de clases en que unos quieren recuperar sus privilegios y otros quieren seguir igualando sus expectativas sociales y ya no están dispuestos a dar un paso atrás. Y en esta batalla también están presentes los agentes del mundo libre y su reserva moral con sus tentáculos financieros, periodísticos, diplomáticos que quieren ver correr más sangre en la Venezuela que mayoritariamente ha elegido su camino con un ejército de veedores internacionales tras las mayorías absolutas de Chávez o el ramplón 51% de Maduro, escaso, pero válidamente democrático.  

noviembre 10, 2012

El jefe y sus cachorros ( o la obsolescencia de Vargas Llosa)



           Es muy probable que a esta hora el patrón termine de dictar alguna clase magistral en la universidad o lo mismo en una fundación socio política auspiciada por los poderes fácticos transnacionales. Tal vez sólo vaga bajo el manto de la seguridad del pensamiento único por algún aeropuerto del mundo, siempre a la espera de coger la conexión hacía la entrega de otro premio que robustezca la misión intelectual que le han encomendado; ser la bisagra ideológica neoliberal entre Europa y Latinoamérica. O quizás Varguitas se echa una buena siesta en alguna de sus decenas de casas que tiene repartidas por los continentes, una siesta a pierna suelta desde donde creará su próxima crónica del odio que con toda seguridad versará sobre el pánico que provocan en su pequeña Latinoamérica la ascensión al poder de los movimientos sociales.

            En el mundo de Varguitas conviven el escritor exitoso y el político frustrado que nunca le perdonará al populacho peruano que en 1990, a sólo días de la elección presidencial, lo abandonara a las puertas de palacio y nada menos que por un verdadero populista; Alberto Fujimori. Desde entonces, al hombre se le agrió el carácter y concentró todos sus esfuerzos en aras de la libertad del mercado y asegurar su sustento económico a través de la radicalización de su discurso. Aceptando que nunca sería Presidente, ni de Perú, ni de ningún sitio, se auto proclamó la reserva moral de la democracia latinoamericana y el estandarte que desfilaría por el orbe propagando los beneficios del neoliberalismo para la democracia y la libertad. Y al mismo tiempo, alertar al mundo civilizado de los peligros que significan que los indios, los pobres, los marginados de toda una vida se hayan organizado y ahora sean los protagonistas de su historia, en lugares como Bolivia, Ecuador o Venezuela. Aquello lo obsesiona.

La decadencia simbólica del Diario español El País comenzó a evidenciarse hace décadas pero sobre todo cuando también se autoproclamó el periódico global en español, mientras en sus páginas, sólo era posible encontrar la realidad política y social latinoamericana a través de los ojos miopes del peruano Mario Vargas llosa, los mexicanos Carlos Castañeda y Carlos Fuentes, el chileno Jorge Edwards, el peruano Jaime Baily, el boliviano Edmundo Paz Soldán…Junto con ellos los corresponsales destacados en países como Cuba (Mauricio Vicent y la bloguera cubana Yoaní Sánchez), Venezuela (Maye Primera), Bolivia (Mabel Azcui), todos se sumaron a los requerimientos del gigante grupo Prisa, en donde un buen día decidieron que no transmitirían más información, sino que se sumarían a la hegemonía del pensamiento único con sus campañas de desinformación e instrumentalización de la realidad dependiendo de los intereses de sus accionistas.

Después de años de leer sus columnas de opinión, y que siempre han sido una editorial velada del diario El País que hoy se hunde al mismo ritmo que la economía española, uno ya está advertido que lo que va a examinar es una fábula de la realidad latinoamericana, bien redactada, pero escorada en la ficción particular de un neo quijote peruano-español con aires de virrey de las letras. Son innumerables las bofetadas sociales que año tras año reciben las tesis de varguitas, sin embargo, él y su séquito siguen a lo suyo. Los cachorros de varguitas son muchos y están desperdigados en casi la totalidad de los medios de comunicación de habla hispana mientras en las facultades de periodismo hay hordas de otros pequeños varguitas esperando salir al mercado de la especulación informativa para hacer carrera.

septiembre 21, 2012

Aire enlatado



La idea, en sí, no es novedosa. Hace años que se vende aire enlatado de lugares como Roma, Berlín, París, Praga, Singapore, Nueva York, Líbano. Un souvenir intangible que intenta evocar un recuerdo, una ilusión o simplemente una bocanada supuestamente de aire puro en la imaginación de quien abre la lata. El  multimillonario chino, Chen Guangbiao, hace unos días lanzó al mercado su aire enlatado a un precio de 0,63 dólares, el negocio está revestido de la camiseta de la filantropía (donará 0,018 dólares a organizaciones caritativas) y el pseudo mensaje ecológico de su creador. En esta ocasión el aire está extraído de la región del Tíbet y un par de provincias chinas que escapan a la contaminación fuera de control que se respira a diario en la locomotora de la economía mundial.

El contenido es imposible de testear, al final es sólo aire, es cierto, pero un aire donde se condensan los alientos de un territorio social, donde lo mismo se disipan sueños mientras se escuchan nuevos gritos de libertad ahogados en el susurro de la información. Desconozco el proceso de extracción y enlatado del aire, pero sospecho que desde la primera línea de producción está contaminada ya no sólo por la mano del hombre sino que también por sus continuas exhalaciones de aire utilizado para sobrevivir.

Una lata de aire puro del Tíbet no puede sino estar cargada de partículas de sufrimiento suspendidas en la atmósfera después de tantas décadas de ocupación y represión china. Abrir una lata de estas es oler el cuerpo chamuscado de cientos de tibetanos que se siguen quemando a lo bonzo por un poco de libertad concreta, más allá del budismo.
Esta nueva versión del aire enlatado vende una quimera que es la concepción del aire puro y la asociación mental a un espacio reconstruido en los márgenes de la ensoñación publicitaria sin contexto social. Es decir, el Tíbet, la cuna del budismo, el Everest, el aire purificado donde aún no ha llegado la maquinaria capitalista y sus chimeneas de humo.

septiembre 06, 2012

De idas y vueltas



A 8 mil pies de altitud sobre algún punto del Atlántico, y con rumbo a España, resurge la pregunta, la interrogante de la declamación popular a uno y otro lado del charco que versan sobre el sentido de las idas y vueltas a estas alturas de la vida. Volver ¿para qué?, irte ¿por qué?, regresar ¿a dónde?.. No me apetece dejar la discusión interna para más adelante así que voy saltando cuerpos desparramados por el estrecho pasillo de las butacas en clase turista. Dos azafatas matan el tiempo con un crucigrama y la otra se entretiene acomodando su chasquilla rubia- que de todas maneras- le sienta mejor cayéndole por la mejilla izquierda. ¿Hola?, me podéis poner un gin tonic, por favor. Las dos se miran como diciendo, tenemos un borracho abordo, un código cabronazo que nos dará la tarde, madrugada y noche, de sus labios hasta es posible escuchar, este tipo de clientes son los que suben los costes de un vuelo transcontinental, eso sí, siempre con una sonrisa.
También es factible que no digan nada y sea uno el guionista de una película paralela, improvisada en la arbitrariedad del que imagina demasiado.
Me abrocho el cinturón, despliego la mesilla, aparco por un rato la lectura de El Imperio de, Ryszard Kapuscinski, que a última hora me ha regalado el traidor Escalante en Santiago de Chile; por fin acomodo la copa. Es hora de intentar sistematizar una respuesta acotada a tamaña pregunta, sin embargo, uno sabe de antemano que esta nunca podrá ser una réplica categórica, y si así fuera, tendría que ser una narración histórica de las emociones, un mapa corporal que de cuenta de los desarraigos más allá de las frías coordenadas GPS que se acumulan en la memoria.

Todo viaje es una huida, una búsqueda, un encuentro que a veces nunca se materializa del todo o que sencillamente es la antesala a otro itinerario que lo mismo versa sobre la búsqueda de la felicidad en un laberinto en donde con la misma rapidez, a veces alguien se extravía para luego encontrarse. No hace falta viajar para ello. La geografía y el kilometraje poco importan. Eso sí, yo quiero hablar desde una cartografía de los sentimientos que siempre estará acotada a un rotundo nosotros. Y ahí, la pregunta inicial adquiere otros ribetes, una dimensión con mayúsculas de la cual ya no hay salida en el boeing del Airbus que tiene por misión dejarnos en Barajas, Madrid, a eso de las siete de la mañana de un día de verano. Agosto de 2012, seguramente no el año del fin del mundo, pero si el epicentro histórico de otro país que vira de rumbo con dirección hacía el abismo social. Un cambio de paradigma, un nuevo triunfo de la vieja doctrina del shock neoliberal en la vieja Europa y las consecuencias sociales con que se traza el futuro. Y sí sólo fuera una crisis económica más, un desajuste bursátil o una corrección menor para cuadrar el gasto público estaríamos hablando de otro estado de las cosas y con otra entonación estilística.

El verano está caliente, los recortes sociales de la maquinaria Popular son más osados que cualquier bikini o topless que se vea en las playas de Barcelona. El sol cae con la misma fuerza castigadora que el segundo rescate económico español que será un hecho en este mes de septiembre. La troika (BCE,FMI,UE) tomará la conducción del país, como ya lo ha hecho en Irlanda, Portugal y Grecia, y ahí, se acabará lo que hasta entonces conocimos como España. Vendrá la última etapa en la desmantelación del estado de bienestar que cohesionó socialmente a un país en las últimas cuatro décadas a través de una educación pública de calidad y asequible, un sistema de salud de atención universal, gratuita y, por último, un régimen de protección al desempleo y las pensiones. Los que vienen serán tiempos amargos en dónde ya no sólo colocarán candados a los contenedores de basura para que la gente no hurguetee por un bocado para la boca, sino que cada uno de nosotros tendrá que cargar con uno, y quizás, cuánto tiempo.

Miles de corazones indignados de rebeldía serán desactivados desde la centralita de las privatizaciones, la flexibilidad laboral, el eterno paro y la precariedad de la vida que se agudizará en los próximos meses. Entonces no serán pocos los que quedarán atrapados en los espasmos de la disciplina capitalista y terminarán pensando que la conexión con el mundo ahora se traduce en un retiro permanente de auto ayuda, montar un pequeño huerto en un balcón o apoyar las reivindicaciones sociales desde el sofá del piso que se ha transformado en una pesadilla. ¿Y quién puede culparlos? La disipación de los sueños sociales y colectivos siempre han sido un efecto colateral programado por los shock políticos y económicos que antes lo llevaban acabo dictaduras militares. Ahora ya no son necesarias, para ello tienen a los mercados internacionales y sus peones políticos trabajando juntos por mercantilizar todos los espacios de lo que llamamos vida. Lo cual está comprobado que termina atomizando las relaciones sociales a través de la privatización personal

Y pese a todo ello, uno es obstinado y vuelve al país desde dónde los titulares de la prensa extranjera hablan del lugar al que nadie quiere ir, a no ser que sea de vacaciones o con una cuenta abultada para transformar una quiebra en oportunidades de negocios. España es el nuevo apestado económico internacional, un tema demasiado recurrente en cualquier encuentro social o casual. A 13 mil kilómetros de distancia hay ganas de saber el momento exacto en que uno notó en que todo irremediablemente se iba a la mierda. Datos de primera fuente ya sean estadísticos o cotidianos, contexto social o apunte privado que pudiera graficar la mayor crisis que asola al llamado primer mundo. Pero por sobre todo, quieren saber que posibilidades reales hay de revertir la situación desde el campo social. Uno regresa con otras bofetadas-caricias de la vida, ligero de equipaje facturable y con otras lecturas sobre las crisis de aquí y de allá. Se vuelve sin miedo a la espera del minuto en que lleguen los hombres de negro con sus maletines que están cargados de material deshumanizador.

Aterrizamos en Barajas y la prensa ensalza la figura del empresario español, Amancio Ortega, dueño del imperio textil INDITEX (Zara, Bershka, Pull and bear, Stradivarius, Massimo Dutti, Oysho…) la tercera fortuna más rica del mundo (38 mil millones de euros) El orgullo español banal en épocas de crisis aflora y si no es el fútbol muchos están dispuestos a celebrar como suyos los ceros de las cuentas corrientes que esconden algo más que buena gestión empresarial. Resultará curioso, comprobar como en las semanas siguientes ningún periódico español se haría cargo del hallazgo de una treintena de talleres clandestinos en Brasil que trabajaban indirectamente para Zara. Ni un miserable párrafo o siquiera una nota pequeña en el lugar más ilegible de la página se dignaron a publicar. Sin embargo, en los días posteriores nos bombardearon con moralina informativa sobre los doce carros con productos de primera necesidad que un piquete de trabajadores había recuperado desde una gran superficie. Aquella expropiación de alimentos terminó dando de comer a una veintena de familias que sobreviven a duras penas después de haber sido desahuciadas de su casa y su futuro. Los rescates a la banca privada que por estos días todos pagamos sabemos a quienes van a parar.
Esa es la gran diferencia entre ellos y nosotros. 

noviembre 26, 2011

La nueva batalla de Chile



Hace seis meses que el alzamiento estudiantil chileno se transformó en una noticia intermitente en el apartado internacional de la prensa española. Desde entonces y en la mayoría de los casos, no han dejado de aparecer análisis vacíos de contenidos que siempre comienzan con la muletilla lingüística-ideológica sobre el éxito del modelo económico chileno en la región y su ejemplo de transición a la democracia, basado en el caso español. Muchos interpretan la rebelión social como un arrastre globalizador de la corriente de indignación que recorre al planeta; se equivocan. En los telediarios de la TV se priorizan las imágenes de la lucha callejera antes de entrar a desmenuzar las causas que han llevado a un país, anestesiado por décadas, a redefinir su futuro. Los enviados especiales al otrora mito chileno del desarrollo cogen un par de testimonios de manifestantes, otro de algún dirigente estudiantil, van al despacho de algún politólogo criollo, pasan por La Moneda para cubrir la conferencia de algún representante del Gobierno de Piñera llamando al diálogo para mantener la imagen-marca país en el exterior. Luego vuelven a sus hoteles en el barrio oriente de la capital para despachar la crónica y de seguro muy pocos se adentrarán en el otro gran Santiago en donde se puede palpar la bipolaridad social chilena, que es la génesis de todo.
Hay que ir detrás de esos miles de chicos y chicas que se manifiestan en las calles para que los lleven al laberinto de sus vidas, y quizás, así intentar comprender lo que significa haber nacido y vivir en el país estrella del neoliberalismo. La desigualdad social va más allá del coeficiente de Gini que coloca a Chile en el país con mayor desigualdad de ingresos ( 0,50) frente al promedio dela OCDE que es del 0,31%. Las cifras exitosas de la macroeconomía nacional a costa de ensanchar la mala distribución del ingreso no son una pancarta estudiantil más, sino que una constante desde el inicio de la transición a la democracia (1990). Hablamos de dos décadas, de veinte años en donde la clase política (coalición de centro izquierda y neo pinochetistas) sólo han administrado y profundizado el modelo neoliberal inaugurado por Pinochet y la Escuela de Chicago en 1976.
La educación y la salud son una ruleta rusa mediatizada por la capacidad de consumo; jamás un derecho social en donde sea posible acariciar la igualdad de oportunidades. El sistema de pensiones lo administran corporaciones privadas donde especulan con la rentabilidad y tributan una miseria. Transnacionales mineras invierten en Chile para llevarse el oro, el cobre o el litio porque lo mismo en la ecuación final son tantas las regalías, los beneficios netos, que igual es posible pagar la tasa de explotación o evadir algunos cientos de millones de dólares. El estado y su clase política administran las relaciones sociales y comerciales de la sociedad desde una posición de observador ausente porque aún siguen creyendo que los desequilibrios económico-sociales los corregirá el mercado en algún momento.
Por eso a los ciudadanos los llaman consumidores, para que la gente siga creyendo que el esfuerzo personal es lo único que basta para batirse en la vida. Otra quimera neoliberal tercer mundista pero que ha condicionado el devenir de la sociedad chilena que no sólo ha tenido que asumir la derrota política y militar de 1973, sino que vivió 17 años de venganza feroz en donde el plomo y la sangre siempre estuvieron presentes, para terminar aún entrampados en un modelo económico nefasto y con una democracia a medio empezar Hoy en las calles chilenas no sólo se le planta cara al mercado de la educación pública y privada, sino que más importante aún es la posibilidad de una transformación social que va generando un movimiento social organizado, diverso y de nueva sabia, capaz de sumar a capas sociales que hasta hace algún tiempo aún creían en que sólo bastaba con su esfuerzo emprendedor para alcanzar la justicia social. Los estudiantes chilenos han dado un paso gigante en la madurez política de la movilización; no quieren otras pequeñas reformas, ni que se ajusten los presupuestos sólo para conseguir otras miles de becas. Ya hastiados piden lo imposible para muchos, una educación pública, gratuita y de calidad, que deje de ser un bien de consumo que imposibilita la movilidad social en un país diseccionado por las clases sociales. Y si bien es cierto que la fractura social causada por la liberalización económica totalitaria hace mucho que está presente, recién es hoy cuando se comienza a tener una conciencia más profunda en que ya es hora de reescribir la historia.
Mientras tanto, aquí en Europa recién se inicia aquel largo camino en donde las reformas estructurales de la economía amenazan con privatizarlo todo. En la subjetividad neoliberal va implícita la disciplina de la fragmentación social que también busca la privatización de la esperanza. Y esto no es una figura literaria, más bien, un dato histórico que ha quedado escrito en las regiones del mundo por donde ha pasado la ola destructiva del neoliberalismo y sus tecnócratas de turno.