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octubre 25, 2012

Josemi (Desahucios y suicidios)


           

           
                 Se tenía sólo a él mismo y a su librería de prensa ubicada en los bajos de la casa familiar del populoso barrio de La Chana, Granada. Su nombre era José Miguel Domingo, 53 años  Todos en el barrio lo conocían pero nadie sabía que la vida de este hombre ya transcurría en los descuentos de la maquinaria de los desahucios. Dicen que no se acercó a los servicios sociales para exponer su situación (para qué, para dar pena), sólo el sabe cuantas veces traspasó las oficinas del BBVA en busca de una solución que nunca llegaría. Por lo visto, tampoco contactó a las plataformas anti desahucios surgidas en estos últimos cuatro años en donde más de 350 mil familias han sido expulsadas a la calle.
             No importa que sean enfermos dependientes, ancianos, niños, mujeres embarazadas, madres solteras con dos niños a cuestas, parados...todos son y serán desahuciados sin mayor problema en la España Sociedad Anónima.
     Esta madrugada lluviosa fue un gran suspiro o lo mismo un último grito desgarrador rebotado en el eco del silencio de una casa o un país. Se ahorcó con la desesperación de la tristeza cuando esta lo inunda todo, no dejo notas que explicaran su decisión; esta se sostiene por si sola. A eso de las diez de la mañana los policías revoloteaban por la calle Arzobispo Guerrero. Dos unidades diferentes se encontraron frente al número 15. La policía nacional y los forenses van a recoger otro cuerpo aniquilado por la crisis económica, los otros, los agentes de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR)  sirven de apoyo a la comisión judicial que esta mañana tienen la misión de ejecutar otra orden de desahucio, esta vez, no habrá resistencia, ni plazos negociados, sólo un absoluto silencio del que no quiso ver el rostro de sus chacales, esta, ni ninguna mañana más por venir.

diciembre 06, 2010

Adiós a los 426 euros


Se acabó lo que se daba. Zapatero ha anunciado que en febrero se acaba el subsidio extraordinario para los parados de larga duración. Aquellos siempre exiguos 426 euros han dado la posibilidad de que más de 600 mil personas en España pudieran equilibrarse en un peldaño del abismo, y no caer, directamente en él. Un recorte social más que se suma a la reducción del sueldo público, la congelación de las pensiones y una reforma laboral- aún en marcha- que borra de un plumazo las conquistas sociales que tardaron décadas en conquistar los trabajadores españoles en los años duros que ya nadie recuerda.
Los mercados están nerviosos y los especuladores ansían otra víctima; con Grecia, Irlanda, Portugal y otras economías intervenidas en la periferia europea del este, no basta. La crisis sistémica del capitalismo arrastra esta vez al euro y deja en evidencia que la cohesión económica y solidaria europea no es más que un espejismo en épocas de bonanza. La Comisión Económica Europea no deja de enviar señales contradictorias sobre la solvencia económica de sus miembros, los personeros del Banco Central Europeo (BCE) pareciera que hubieran hecho una buena cosecha indoor y están disfrutando de ella –faltaba más- , porque de otra manera, no se explica su silencio en los momentos claves de la crisis ni su inoperancia para poner orden al tinglado económico europeo. Ni siquiera son capaces de comprar bonos de deuda pública ante un ataque especulativo evidente. Las reformas estructurales de la economía que hoy aplican los gobiernos europeos no son más que la clásica receta neoliberal que en el caso latinoamericano se implementó a sangre y fuego desde la década de los setenta.
En la esquizo realidad concreta, digamos aquí abajo en el callejear cotidiano donde la precarización de la vida se despliega con indiferencia. Los biorritmos son otros; hace mucho que el equilibrio por la sobrevivencia se come lo mejor de uno sin darnos cuenta. La disciplina emocional capitalista a veces es capaz de penetrar también en el subconsciente del que toda una vida ha vivido en crisis, a uno y otro lado del charco ocupando memoria RAM que queda inutilizada en la inactividad.

(fotografía tomada en el Parque de las Ciencias, Granada)