octubre 24, 2011
junio 24, 2011
abril 05, 2011
Una tarde habanera con Alberto Granado

La noticia me pilló tarde-como todo últimamente- yo estaba en los pequeños proyectos a medio terminar, sumido entre más desazón que son, embarcado en una búsqueda incierta que por alguna razón, me lleva a querer desatar, siquiera encontrar, el nudo ciego y terco, en que se ha transformado mi deambular por Granada. Con el tiempo he llegado a la teoría de que la bella ciudad del desencanto no es compatible con ciertas personalidades inestables, por eso uno debiera dosificar los encuentros con ella, sobre todo, por su peculiar carácter inmovilizador. Y la culpa nunca será de la ciudad sino que de los corazones fracturados que aún no entienden que la búsqueda-huida, también necesita un poco de sosiego antes de volver a echarse a la carretera y adentrase en otro viaje que encuentre la bifurcación hacía el otro lado del abismo personal.
En eso estaba, saturado de atender despedidas de solteros y solteras los fines de semana, con los dedos agarrotados durante días, rellenando otra solicitud de empleo virtual, quizás, sólo pensando en que la debacle capitalista y la profunda crisis económica española a toda hora amenazan con llevarse lo mejor de uno, lo que va quedando. No basta con resistir, hay que dar un paso adelante, me digo en un monólogo diario con respuesta incierta. Para que nos entendamos, hay días en que la historia contemporánea y su vorágine de acontecimientos se mezclan con el mismo dolor que uno siente al intentar responder preguntas que nos hacemos al boleo.
Entre la guerra en Libia, el terremoto- tsunami de Japón, la crisis nuclear y la batalla de los liquidadores de Fukushima se me coló la noticia de la muerte en La Habana de Alberto Granado, el 5 de marzo pasado. Dicen que se fue repentinamente; sin avisos previos que esbozan la silueta del último viaje. Después de terminar de leer la noticia, encendí un cigarrillo de liar y me entregué sin freno a recordar aquella tarde habanera de 2000. Las palabras se mezclaban lo mismo con un vino tinto que con un delicioso y embriagador vino de arroz del que dimos cuenta hasta la media noche en su casa. Era un hombre dicharachero, entregado a la conversación sin el adoctrinamiento que dan los años, un viejo que con el paso del tiempo no se le había agriado el carácter más allá de lo necesario. Sus mejillas eran surcos de historia, bajo sus parpados se acumulaban las bolsas de aquel que no sólo ha visto mucho, sino que había acampado ahí, donde la mayoría pasaba de largo. Sin quererlo, sin sospecharlo, cuando aún la película Diarios de motocicleta era un guión que lo apasionaba, pero aún no se rodaba, ya para entonces, Granado era un mito latinoamericano del viaje con mochila.
Un viaje épico a principios de los cincuenta entre dos amigos que por entonces sólo iban en busca de una aventura maravillosa. Con el corazón al descubierto dejaron que aquella realidad de injusticia social se abriera paso y los marcara para siempre. Si en aquel viaje Ernesto Guevara de la Serna comenzaba a despuntar en lo que más tarde sería el Comandante Che Guevara. El bioquímico, Alberto Granado, se embarcó en otro viaje vital que lo llevaría de Argentina a Venezuela para recalar definitivamente en Cuba. Los mismos sitios en los cuáles él eligió que fueran esparcidas sus cenizas. Se ha ido otro viejo revolucionario -en el sentido amplio del concepto- que aún no tenía la vista cansada después de tanto kilometraje de historia que vivió como protagonista. Si hubiera que resumir su vida en una frase, se me ocurre un rotundo Confieso que he vivido.
Yo confieso que la muerte de Granado fue un revulsivo interior no porque se fuera el mito latinoamericano del viaje con mochila, el caminante que con el Che que se hizo camino al andar, como diría Machado. Su muerte cayó en un momento en que las placas tectónicas que me componen por fin irradiaban algo de energía acumulada, que se venía malgastando, desaprovechando, como la que producen los modernos molinos de viento y que si no se utiliza en el momento preciso se pierde. De eso, el viejo sabía mucho, pero no recuerdo que tampoco diera lecciones sobre la vida y el compromiso aquella tarde no hacía falta, la vida de Granado hablaba por sí sola.
febrero 28, 2011
Libia: entre la rebelión popular y la intervención extranjera
Pasan las horas y la situación en Libia se deteriora en el enfrentamiento armado y la disgregación social. Los enroques políticos del exterior tampoco traen buenas noticias; algunos piensan ya en una intervención militar para poner orden, y de paso, controlar otro grifo de petróleo. El Consejo de Seguridad de la ONU ha congelados los bienes del clan Gadafi en el exterior e impuesto un nuevo embargo de armamento. Hasta hace sólo dos semanas países como España, Italia, Alemania, Francia, y la Unión Europea en general, vendían armas a diestra y siniestra al régimen de Gadafi.
Después de la reconciliación de 2003, Gadafi se convirtió en el socio estratégico en lo comercial, sobre todo para abastecer de crudo a las sociedades europeas y su alto consumo. Al mismo tiempo, se transformó en un aliado en la guerra contra el terrorismo, lo que le sirvió como excusa para barrer con los opositores islamistas y todo aquel que quisiera algo más. Entonces nadie dijo nada. Al año siguiente de volver a pasearse por el mundo con su jaima, comenzaron las reformas estructurales de la economía. Los siempre caprichosos funcionarios económicos internacionales, que hasta no hace mucho se paseaban por Trípoli alabando la contención del gasto social y felicitando a Gadafi por su apertura económica, no perdían oportunidad para ensalzar a su nuevo alumno de medio oriente que cabalgaba en el neoliberalismo. Muchos de los avances sociales se ahogaron en los últimos siete años producto de los efectos colaterales.
Gadafi supo utilizar la posición geográfica de Libia, como punto caliente en la ruta de la inmigración clandestina hacía Europa. Aquello se tradujo en una implacable represión a la inmigración -sobre todo subsahariana- que se hace a la mar para llegar a Italia, también para los inmigrantes en tránsito y los que eran relocalizados en los CIE de Libia a la espera por una respuesta a la solicitud de asilo, que nunca llegaría. Su amigo y socio Berlusconi ha puesto también fin al Tratado de Amistad Italo-Libio de 2008 que se firmó paradójicamente en Bengasi, la segunda ciudad del país que hace días ya controlan los rebeldes.
A esta hora Estados Unidos moviliza su flota en aras de una posible intervención extranjera que de existir será enmascarada como ayuda humanitaria. Muchos medios de comunicación se esmeran en incidir hacía esa resolución del conflicto. Desde los territorios arrebatados al control de Gadafi también llegan las voces de los rebeldes que no están por la vía de la invasión. La del intervencionismo ya está en marcha fuera de Libia y en las ciudades que están bajo el control de los rebeldes. Imposible saber si a esta hora en Libia hay más mercenarios africanos a las ordenes del clan Gadafi, o si son, superados por los agentes de inteligencia de occidente desplegados en terreno. Ya EEUU ha afirmado que trabaja en las ciudades que controlan los rebeldes.
Una cosa es la revuelta popular masiva del pueblo libio y sus demandas que ellos concretarán, y otra muy distinta, es sumarse a los ecos que quieren hacer de Libia otro estado fallido para la tranquilidad del bienestar occidental.febrero 24, 2011
Arde la jaima de Gadafi a cielo abierto
http://www.flickr.com/photos/a7fadhomar/La rebelión popular del pueblo libanés- que hoy ya controla gran parte del noreste del país- se encamina por estas horas, hacía una más que posible guerra civil. La tenacidad de la multitud social borracha y drogada cae por las calles libias no por haberse pasado en la dosis de su sueño libertario, sino por los bombardeos aéreos, el plomo militar, la calle entregada por el estado a sus mercenarios africanos de Chad, Níger y también europeos, dicen algunos testigos desde la capital. Las cifras oficiales hablan de 250 muertos mientras organizaciones de derechos humanos, la prensa árabe internacional, los ministerios del interior occidentales manejan cifras que sobrepasan las del millar de víctimas. Muamar Gadafi asiste en persona al derrumbe de lo que una vez fue su gran jaima a cielo abierto. Lo acompañará todavía su escolta de una treintena de vírgenes entrenadas para matar? O lo mismo han desertado ya, como varios ministros y embajadores libios repartidos por el mundo, coroneles y tropas también juegan sus cartas. La comunidad internacional sanciona la represión y la violación de derechos humanos, hace llamados a la calma sin destinatario posible, para luego, sus personeros volver a los despachos a generar documentos sobre una nueva rebelión popular en el mundo árabe que los pilló de sorpresa.
Gadafi concentra a sus fuerzas (ejército, milicias, mercenarios) en la capital de Libia, Trípoli. Atemoriza y reprime con violencia casa por casa a la espera de la batalla final que se dará en sus calles. En muchos puntos del país a esta hora hay combates entre los rebeldes y los leales a Gadafi. Desde las zonas liberadas se va rompiendo el cerco informativo; hay múltiples fuentes de información que sirven para crearse una imagen más certera de lo que está pasando ahí. El armamento pesado ya no sólo está en manos de los leales al régimen furibundo de Gadafi. Las milicias populares, las tribus, los opositores espontáneos tienen armas, blindados, misiles antiaéreos y tanques militares. Si el territorio fuera otro (Sudán, Somalia, Costa de Marfil…) quizás la comunidad internacional dejaría que se maten hasta el final, pero aquello es Libia, el importante exportador de petróleo, el aliado más disciplinado en la guerra contra el terrorismo global y en la particular lucha de la Unión Europea contra la inmigración ilegal. Desde el 2003 Gadafi y su revolución verde ha torturado a diestra y siniestra a miles de inmigrantes que tuvieron la mala suerte de caer en las patrullas conjuntas con Italia. Que será de los miles de inmigrantes subsaharianos que a esta hora están en más de los 40 centros de detención de inmigrantes que se reparten por Libia. Gadafi inauguró lo que se ha llamado la deslocalización de los inmigrantes fuera del espacio Schengen. Dinero por inmigrantes fuera de Europa, esa ha sido una de las alianzas de la UE-Gadafi. El señor del botox, de la jaima itinerante por el mundo, aquel personaje errático después del eterno boicot internacional que lo volvió aún más egocéntrico, hoy culpa a Al Qaeda y al exterior de lo que ocurre en Libia. Una intoxicación informativa peligrosa, por mucho menos Estados Unidos y sus socios de la OTAN han invadido países, para luego retirarse por la puerta trasera. Qué pasará en Libia? Eso aún nadie lo sabe. Las noticias del enfrentamiento final son inminentes. Horas de angustia en que la izquierda latinoamericana y sus medios de prensa afines no han sido capaces de informar y poner en perspectiva lo que la mayor parte del pueblo libio ha decidido en la calle. Un silencio ideológico equivocado donde lo que hay no es una contrarrevolución sino la caída de otro dictador más con millonarias cuentas en Suiza y cientos de cadáveres de los mismos paisanos que resistieron los bombardeos estadounidenses sobre Trípoli y Benghasi en 1986.
febrero 13, 2011
Egipto: Otro que se fuga en Helicóptero (II)

Después de 18 días de rebelión popular cayó Mubarak. De nada sirvió su último mensaje televisado en que anunciaba tozudamente que se quedaría hasta septiembre para administrar la transición política. No pasaron ni veinte horas, cuando él y su familia ya estaban emprendiendo la fuga desde el palacio presidencial en un Helicóptero militar. Una escena ya clásica que se viene repitiendo con frialdad desde la última década. ¿Habrá tenido cojones para observar por la ventanilla la plaza Tahir por última vez? A esta hora ya se encuentra en los Emiratos Árabes Unidos. De seguro que su preocupación ya no es por el pueblo que sometió a su antojo durante 31 años, sino que por el destino de su fortuna. El Gobierno suizo- en un lavado de imagen de su oscura banca- ha bloqueado las posibles cuentas del clan Mubarak.
La comunidad internacional se felicita por lo obrado? Los norteamericanos están más tranquilos porque el poder ahora mismo lo dicta el Ejército egipcio, que no sólo reciben mil millones de dólares anuales sino que ha formado a toda la plana mayor de la institución durante décadas. Es un hecho que los militares siempre fieles al régimen dieron la estocada final al faraón entre declaraciones, mensajes y llamadas, un golpe de estado de confianzas y piso político. Reconducir en el futuro próximo al ejército a los cuarteles y despojarlo de su posición política como garante de la institucionalidad democrática, quizás será el desafío más importante de la sociedad egipcia.
Pero este fin de semana es tiempo de celebración, de recuerdo por los más de 300 asesinados que ha dejado la represión del régimen de Mubarak; su muerte no ha sido en vano. Aquella resistencia de los primeros días en que se derrotó con el cuerpo, las piedras, los palos y los cócteles molotov a la temida y odiada policía del régimen fue el primer síntoma de que el sueño era posible y allá fueron los egipcios a su encuentro. Hoy todos los corresponsales internacionales hablan de la dictadura de Mubarak, hace tres meses la mayoría de las publicaciones y presentadores televisivos se dirigían a él con el respeto que imprimía dirigir un régimen dictatorial auspiciado por Estados Unidos, la silenciosa Unión Europea, el FMI, Tel Aviv.. Otra transición política tutelada por Estados Unidos y los poderes fácticos se pone en marcha. Por prudencia, dicen. Porque la libertad tiene que ser ordenada y bonita. Sí, pero con la venia de occidente diría Varguitas o su amigo Aznar, a estas alturas consolidados en la bisagra ideológica neoliberal hispana. Y qué dirá el Rey de España de toda esta situación! Habrá llamado al amigo que cayó en desgracia o simplemente se olvidó del número, como tantos otros. Lo único que sé, es que hoy domingo la comida familiar egipcia será inolvidable, sobre todo para ellos; los jóvenes urbanos populares y de clase media, que por fin se encontraron, ahí, en el callejón que da hacia la libertad.
enero 31, 2011
Egipto: La rebelión popular en marcha (I)

Ahora mismo el pueblo egipcio permanece en las calles militarizadas porque sabe que estas horas son cruciales para el éxito de una nueva rebelión popular que salda cuentas con otra dictadura árabe sustentada por Estados Unidos, la Unión Europea y los organismos financieros internacionales. Después de 31 años en el poder, Hosni Mubarak, se tambalea. La caída no será al vacío porque son muchos los intereses en juego así que en múltiples despachos del mundo ya se diseña la transición política egipcia. Un rotundo que se vayan todos recorre la plaza Tahir de El Cairo, las reformas políticas que ahora promete el régimen llegan tarde, lo mismo que los anuncios de que habrá inversiones sociales para los más de 40 millones de pobres – la mitad del país- que subsiste con dos dólares al día.
No. La noticia, no es que la dictadura haya cortado Internet y las redes sociales, cuando sólo el 23% de la población del país normalmente accede a ellas. La noticia es que un pueblo que lleva sometido a un estado de emergencia más de 30 años ha sido impulsado por el hambre, la injusticia y la desigualdad a salir a la calle pese al silencio de la comunidad internacional y los malos augurios de los llamados expertos en temas de oriente medio. Pocos se acuerdan hoy en día de los continuos ajustes de la economía estructural que ha vivido el pueblo egipcio desde los años noventa. La libertad nunca se conquistará desde Internet o las redes sociales que sólo agitan y movilizan el impacto de la acción. Lo importante de estas situaciones siempre se resuelven en la calle, en su ocupación, su defensa, y a la espera del momento justo escogido por la espontaneidad de la masa para dar el golpe final a una época que no redundará en una democracia al estilo occidental, ni tampoco en un país de extremismo islámico.
Mañana martes 1 de febrero quizás sea ese día