junio 22, 2009

Otro atardecer en el Albayzín




En algunas tardes es la voz de Camarón con su Leyenda del tiempo la que desciende por las laderas y murallas del barrio del Sacromonte para terminar amplificándose en los recovecos del blanco Albayzín. En otras, la llamada a la oración para los musulmanes desde el minarete de la mezquita de San Nicolás quiebra el silencio de una tarde calurosa y se hace escuchar pese al repicar de las campanas católicas y su mecanismo automático que genera sonido pero no movimiento. De vez en cuando el chirrear de un ciclomotor se deja sentir mientras los estorninos comienzan a revolotear en bandadas zigzagueantes y ruidosas; alejados del centro de la ciudad y sus plazas en que a esa misma hora comienza a sonar la banda sonora de los cernícalos. Una frescura con olor a hierba buena avanza entonces por los callejones. Lentamente las persianas de las casas que han estado cerradas por la tarde comienzan a recogerse y sus moradores salen a dar un paseo o a buscar una terraza en donde tomarse unas cañas y retomar la conversación que quedó pendiente la noche anterior.
Gitanos, payos, moros y guiris se encuentran en el atardecer multicolor que cae en línea recta más allá de la estrecha vega granaína que se resiste a desaparecer pese a tanto concreto y ensanche de la circunvalación que trocea lo más verde de la ciudad. Arriba, en el barrio patrimonio de la humanidad los especuladores inmobiliarios continúan trabajando en la sobre valoración de la vivienda, perfeccionando sus técnicas del asusta viejas y beneficiándose del dejar hacer por parte de las reparticiones públicas. Es otra tarde tranquila en el barrio.

junio 03, 2009

¿Y tú, cuándo te vas?



Apuntes sueltos para un futuro manifiesto inmigrante I

El comentario en tono de pregunta emana de la barra de un bar que podría ser cualquiera de la geografía española a eso de las ocho o nueve de la noche. No es un amigo, un colega, siquiera un conocido, a lo sumo, un espontáneo más que por alguna circunstancia se ha colado en una conversación siempre con la puerta entre abierta. De madrugada, de vuelta a casa, caminando un poco borracho por el bulevar y escuchando a Camarón, la pregunta sin respuesta concreta se transforma en una bomba de racimo de la cual hay que dar cuenta sin mayores obstrucciones mentales. Una pregunta quizás motivada por la crisis económica real que se vive y el aumento del paro con su 18 por ciento que dobla la media de la Unión Europea, el bombardeo diario de malas noticias económicas se multiplican como los casos de corrupción política de alto nivel popular que se han normalizado en el sentido común callejero, pocos ya se sorprenden con las utilidades de la banca que ha cortado el grifo del crédito y todos los días ejecuta embargos de casas sobrevaloradas por la resaca de la especulación inmobiliaria que también saltó por los aires hace más de un año. Y sí a esto le sumamos una dosis de política real que se ha trazado la misión de criminalizar a la inmigración no es casual que el inmigrante ante los ojos de algunos haya pasado de figura fantasma productiva a enemigo interno que lo mismo te lo encuentras en alguna cola del INEM o en un espacio cerrado antes de una cotizada entrevista de trabajo.
La respuesta a el tú cuando te vas se alzó entonces como una provocación a la cual contestar desde una perspectiva interna sin contemplaciones y tan amplia como los sentidos de los viajes migrantes imposibles de resumir en una frase o testimonio personal; porque el territorio corporal ya está mezclado con los nuevos pliegues sociales en multitud de puntos de fuga que sobrepasan el diseño político-social de la arquitectura inmigrante enmarcada exclusivamente en su valor de uso productivo. Una respuesta construida por una multitud de voces silenciosas fragmentadas en cuerpos que se rotulan eufemísticamente desde las relaciones de poder como legales e ilegales. O sólo quizás un espasmo motivado por el silencio eterno en que se ahogan los gritos inmigrantes que siempre viajan de un lado a otro en los trenes de cercanía que no llevan a ninguna parte.
Todo viaje es una huída; una búsqueda consentida o empujada por la realidad de la sobrevivencia tras tanto desastre capitalista que ha fomentado la creación de un mundo bipolar arraigado en la desigualdad patológica. Los viajes migrantes son incertidumbres en donde lo único plausible es la fecha y hora del billete de ida, el resto siempre está en construcción. Otros ni siquiera tienen esa posibilidad y luego de dejar a la familia extendida africana llorando y con un nudo en la garganta en el portal de casa se hacen camino al andar en viajes de meses o años, algunos morirán en la travesía, otros serán atajados por larga mano de la política migratoria europea y sus controles de flujo que ahora pretende deslocalizar a los inmigrantes –sobre todo solicitantes de asilo- en campamentos instalados en el Magreb o África en la línea política consensuada desde la social democracia, pasando por los populares y la ultra derecha europea por robustecer la Europa Blindada.
Son días en que las leyes de extranjería de los países miembros de la Unión se endurecen lo mismo para limitar la reagrupación familiar de los residentes legales que para alargar el confinamiento de inmigrantes ilegales en algunos casos 40 días, en otros sesenta, y en más de alguno, la consigna es el tiempo que haga falta con tal de lograr la deportación del indeseable que ya no comete una falta administrativa por carecer de documentación sino que ahora se arriesga a penas de cárcel tras criminalizar la libertad de movimiento. Es el tiempo de las cacerías policiales en el barrio de Lavapies en Madrid, o quizás en Roma, luego de toparte en algún callejón con las patrullas ciudadanas de Berlusconi que ya no cazan gitanos sino que inmigrantes para limpiar la bella Italia con toda esa fuerza xenófoba de la Liga del Norte que comparte poder con Il Cavaliere. En Francia ahora que se aproxima el fin de curso escolar la policía visitará con más insistencia los domicilios de los indocumentados y así cumplir con la cuota anual de expulsiones que Sarkozy ha impuesto.