abril 28, 2012
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abril 03, 2012
Tiempo de partir (O la Granada que yo viví)
Esta es una ciudad que te va atrapando sin darte cuenta. Te mete mano sin sonrojarse en algún callejón del barrio del Albayzín, el Realejo o lo mismo por la cuesta de los chinos donde los turistas aún escasean. La mayoría de las veces Granada te apuñala a mansalva con una melancolía extremadamente bella mientras ondula la luz de la tarde en el palacio de la Alhambra y sus paredes arcilla se vuelven rojizas. Desde el fondo una sierra completamente nevada nos recuerda en pleno invierno que somos unos privilegiados por tener ese solcito sureño que rara vez amenaza con dejarnos a oscuras. Sólo hay que desplazar la vista hacía la derecha para observar desde lo alto, lo caótico en que se convierte la vuelta a casa a eso de las ocho de la noche. Las luces de los coches son un ir y venir, hay tantos, como personas en una ciudad pequeña que con la capital y sus pueblos circundantes no llega al medio millón. Entonces hay que enfocar un poco la mirada más allá de la arquitectura árabe, cristiana y la de las últimas décadas a manos de los arquitectos de la urgencia, para terminar justo en el lugar donde teóricamente termina la ciudad capital y aparece una histórica vega granadina. Al día de hoy, aquello no es más que una fragmentación de cultivos atravesada por una autovía de ocho carriles y multitud de vías de servicio que conducen a naves comerciales, centros de consumo, fábricas cada vez más desoladas o a uno de los tantos puty club de carretera con el rótulo luminoso de Don Pepe o La Geisha.
Se podría decir, sin exagerar, que es una ciudad atrapada por su historia de batallas entre moros y cristianos, salpicada de sangre, de expulsiones, reconquistas y dónde Colón entregó los planes de su aventura, que derivaría en colonización, a los Reyes Católicos. Esta es una tierra de derrota profunda para el Islam, de nacionalismo católico extremo con la muerte de Mariana pineda por mujer libertaria y pecadora. Luego sería el turno de Federico García Lorca y de tantos otros miles que en esta ciudad murieron, lo mismo en algún punto entre Víznar a Alfacar o en las murallas del cementerio de San José desde donde sus cuerpos agujereados desaparecieron. Granada es una ciudad de gestos canallas; el ayuntamiento una y otra vez retira desde las tapias externas del cementerio las placas recordatorias que ahí colocan los familiares de los desaparecidos y organizaciones por el rescate de la memoria histórica. El otro bando y sus muertos tienen su lugar dentro de las tapias, en un patio no muy lejos de la entrada bajo un imponente “Aquí yacen los caídos por dios y por la patria”. En sus lapidas no sólo están sus nombres sino que la síntesis ideológica de los sublevados. (…) Murió lleno de fe invocando a nuestra madre santísima La virgen de las angustias. (…) Murió asesinado por los rojos, por sus cristianas creencias y recta conducta.(…) Murió como cristiano y valiente peleador contra los enemigos de dios y la patria……
En la Granada que yo viví, los granadinos con su mala follá lo mismo una mañana de cualquier día te mandaban a la mierda o te encontrabas con otros que abrían ya no sólo su casa sino que su corazón a un desconocido. Desde ahí surgieron amistades hermosas, las primeras de ellas hoy están en París y el Líbano. Esta es la ciudad de los millares de bares, de una escena musical potente en diversos estilos desde dónde se exportan discos y siempre hay una cartelera agitada. Aquí lo mismo se respira un aire de provincianismo rancio como furiosas oleadas de multiculturalismo que siempre han estado presentes en la ciudad, pero eso sí, siempre lejos de la toma de decisiones.
Granada está atrapada entre la caña, la tapa y el turismo de la Alhambra, el día que desaparezcan, sus gobernantes se llevarán las manos a la cabeza y desde el balcón del ayuntamiento, ya no representarán la reconquista de Granada y su aroma facha los primeros de enero de cada año, sino que por primera vez preguntarán al pueblo granadino ¿y ahora qué cojones hacemos?
En esta ciudad es posible llegar a ganar el ayuntamiento una y otra vez prometiendo que no se crearán carriles bicis en el centro de la ciudad sino que en la periferia para sólo ir a hacer deporte. Personajes como el Alcalde Hurtado (PP) aún desconocen los parámetros de una ciudad sostenible por eso junto con los empresarios locales año tras año intentan consolidar su proyecto de un telesilla que conecte Granada capital con la estación esquí de Sierra Nevada, porque según ellos, la carretera y los 120 kilómetros de pistas esquiables se han quedado pequeñas. Su sueño es de hacer del Parque Natural de Sierra nevada un souvenir de cables y más esquiadores al estilo de las piscinas chinas.
En la Granada que yo viví, el botellón de la fiesta de la primavera o de cualquier otro día siempre ha convocado más gente que una manifestación política. El único movimiento político social alternativo que ha crecido en Granada en los últimos años es el de los Okupa, será porque según el registro de propiedad sólo en la capital hay más de 15.000 mil viviendas vacías y muchos sin casa. También es constante la proliferación de asociaciones de huertas ecológicas autogestionadas, de pequeños centros culturales con algo más de contenido del intentar hacer algo y satisfacer sus necesidades personales, iniciativas editoriales pequeñas van al alza pese a la situación económica. Lo que se mantiene igual y después de la reforma laboral del PP con más ahínco y desparpajo, es esa actitud cateta empresarial andaluza que aún siguen pensando que ellos te hacen un favor a la hora de contratarte. Muchos de ellos con estos tres meses de Rajoy y su reforma laboral, ya se dan por satisfechos.
Todos los años se remodela la pequeña Gran Vía granadina o las calles por dónde transitan los millones de turistas. Sectores como el polígono del Almanjayar, Casería del Montijo, algunos barrios de la Chana y el Zaidín, Santa Adela, en fin, los barrios populares dónde también viven granaínos durante años han sido abandonados a su suerte. Por otro lado, el que visite esta ciudad nunca podrá decir que se angustió de sed una madrugada de cualquier día intentando buscar un bar abierto porque abundan y casi siempre es posible rasgar ya no el amanecer, sino que salir a la mañana siguiente del clásico after clandestino, que últimamente parecen haberse multiplicado producto de la crisis económica.
Ahora es tiempo de irse de la ciudad que uno lo ha cobijado más de ocho años porque sencillamente ya no tenemos nada nuevo que ofrecernos, así de simple y complejo. Estamos hastiados el uno del otro, sin embargo, cada caminata por su cuerpo ha sido una despedida de dos eternos amantes sin reproches. He vagado los últimos cuatro meses por sus entrañas apostando por una reconciliación que nunca llegará porque ella siempre se ha mantenido igual ante el avance de los tiempos; el que tiene que acoplarse es uno, hasta que llega el momento vital de volver a partir. Yo me largo, pero de seguro otros llegarán para hacerla suya y terminarán enamorándose perdidamente de ella. Alguno de los que parió volverá después de rular por el mundo agitado en que vivimos, los otros, en algún callejón de otra parte, recordaremos aquel primer tiempo granadino como algo mágico en el cual la noción de juventud eterna, cariño, música, cultura española-árabe-gitana y aprendizaje cotidiano alargaron sin darnos cuenta su estancia en ella.
Me voy con la certeza de saber que ahí donde vaya, mi identidad- mixturas a estas alturas- siempre estará robustecida por aquella escala en el viaje que se ha llamado Andalucía. Salud por ello, y sobre todo por ella, por la Granada que yo viví.
PD: Entre las elecciones andaluzas que pararon la depresión del PP en despeñaperros y el movimiento social que se vio en las calles granaínas este 29 de marzo de Huelga General, uno se va convencido de que ante un 35% de paro en la capital y perspectivas cada vez peores, la gente no quiere quedarse en sus casas sino que salir a la calle porque así como están las cosas, y dejándose de majaderías pseudodemocráticas, es el único espacio en donde ahora mismo es posible construir algo y rasgar un poquito de felicidad para esta larga batalla, histórica se podría decir, que se dará en España este 2012. Así como hoy los telediarios muestran la violencia de las protestas en Barcelona, en la calle y en millones de casas hoy se sigue pensando que violencia es no poder, ya no llegar a final de mes, sino que siquiera a la mitad. Parafraseando a Gallardón, se podría decir que existe una violencia estructural del sistema político financiero económico capitalista a la hora de joder a la clase trabajadora haciéndola subsidiaria del rescate a la banca privada y del coste social de otra crisis sistémica del capitalismo mundial.
marzo 09, 2012
Siria a la distancia

Me encuentro con un amigo sirio en la cafetería Lisboa de Granada. Toma un café doble sin azúcar, y pese a ello, su mano mueve la cucharilla con rabia en el fondo del vaso. La vista está extraviada mucho más allá de Plaza Nueva, de las colinas árabes del Sacromonte que desembocan en la Alhambra o de aquel mismo punto donde estamos esta mañana, de otro lunes al sol español.
La última vez que nos vimos era verano y el conflicto sirio seguía su estela de muerte y represión política, opacado mediaticamente porque los focos estaban puestos en los últimos coletazos del régimen de Gadafi en Libia. Seis meses después, aquello es una incipiente guerra civil fragmentada en dónde la mayor parte de las 9.ooo víctimas desde que se inició el conflicto (7.000) siguen siendo civiles que son masacrados en grupo por los bombardeos de la artillería de Bachar El Asad o por sus francotiradores que marcan la diferencia entre la vida y la muerte en una fracción de segundos.
La ciudad de Homs- o lo que va quedando de ella y sus habitantes- después de meses de resistencia ha caído bajo el control de las fuerzas especiales del ejército sirio en los últimos días. En barrios como Bab Amro, epicentro de la lucha armada y la aniquilación sistemática y aleatoria de la población civil por parte del régimen, estas noches serán las más largas de todas sus vidas; los que logren ver el amanecer, relatarán en un futuro lo que ahí sucedió de verdad.
Mientras tanto, nosotros sólo somos espectadores- siempre manipulados- de la segunda parte de la primavera árabe que es mucho más compleja de lo que sucedió en Túnez, Libia, Egipto o Yemen. El conflicto sirio hoy en día engloba a actores tan dispares como Israel, Irán, Hezbolá, Líbano, la llamada comunidad internacional, las monarquías del Golfo Pérsico como Catar, Emiratos Árabes y Arabia Saudí, que tienen la doble moral de querer armar a los combatientes sirios mientras el año pasado enviaban tanques y tropas de combate, y no una comisión de paz internacional, para aplastar la otra parte de la primavera árabe en Bahrein, que curiosamente, no fue televisada ni por Al Jazeera ni la CNN. Y también la presencia de algunas células de Al Qaeda que ya han hecho su aparición con suicidas bombas, agregando otro actor al complejo tablero sirio.
Y ahí, entremedio de todo esto, están los gritos de libertad de los opositores sirios que si ayer estuvieron dispuestos a salir a las calles pese a la represión política hoy se encaminan por algunos de esos mismos barrios al grito de Allah Akbar (dios es el más grande) con su Kalashnikov bajó el brazo o un lanza granadas en la espalda. Muchos han nacido con la masacre de la ciudad de Hama (1982- 20.000 muertos) tatuada en su cuerpo, esperando esta oportunidad en dónde el último aliento de una batalla diaria y desigual, se transforme en la primera bocanada de aire fresco. El hastío de la muerte impune y la convicción de que ya no hay nada más que perder los ha encaminado a cambiar sus oficios cotidianos por los de guerrillero, ayudistas, contrabandista de medicinas y armas, documentalistas gráficos o simplemente a ser sobrevivientes que malviven escondidos en sótanos junto a los cadáveres de sus familiares, que ni siquiera pueden enterrar en los cementerios locales.
Las milicias libran una resistencia con armas ligeras en donde cientos de represores, policías, militares, y también civiles, han muerto. Se ha perdido el miedo en los sectores de la población históricamente más reprimidos y miles de ex soldados han desertado en los últimos meses y no se han ido a sus casas, sino que con su fusil o con uno que otro tanque, a engrosar las filas que conforman el rebelde Ejército Sirio de Liberación. No hay un mando político-militar que lo controle, su presencia más destacada es rural, cercanos a la frontera con el Líbano o Turquía. En los barrios su labor está acotada a no ganar posiciones, sino que a resistir, hostigar, de vez en cuando atacar, y por sobre todo, evitar que los militares sirios entren a pie o con sus blindados
A veces lo consiguen y en otras se repliegan tácticamente a la espera de que la voluntad política internacional abra el grifo del mercado negro de armas, de los asesores militares extranjeros en terreno, y así, otra vez, nazca una nueva revolución árabe condicionada.
En Siria no son miles, sino que millones los que aún apoyan a la dinastía de los El Asad (padre e hijo) que ya lleva más de cuarenta años en el poder. No son sólo Alauitas (12% de la población) también cristianos, drusos, chií, los que de vez en cuando salen a la calle en masa movilizados ya no tanto para apoyar al régimen, sino por el temor a una guerra civil sectaria al estilo libanés que ellos conocen de cerca y que hoy agita el régimen en su defensa. Por su parte la mayoría suní vive realidades dispares. Mientras en algunos lugares sus habitantes viven escenas que conocimos en Grozni o Sarajevo, la burguesía económica suní destacada en Aleppo o Damasco sigue con su trajín cotidiano al estilo occidental. Es probable que sólo el factor económico los convierta en opositores en un futuro cercano. Pese a las sanciones económicas y la intensificación de la presión internacional en todos los frentes, el régimen de Bachar sigue fuerte, sin grandes fisuras ni en lo político ni en lo militar. La cobertura del conflicto por los Mass media y los activistas rebeldes a veces desbordan la realidad haciendo creer que lo que sucede en Homs es una constante única y exclusiva que se vive en todos los barrios de Siria.
El café se enfría, los titulares de la prensa se amontonan en el kiosco de la esquina como los sirios que van copando la terraza. Una pequeña banda de jazz arremete en escena, corta el devenir de aquel joven que a miles de kilómetros de distancia también tiene el corazón agujereado. La mayoría no quiere tropas internacionales invadiendo Siria pero saben que sin aquello es muy difícil que El Asad deje el poder. Se tiende a pensar que pronto Estados Unidos y la OTAN establecerán un corredor aéreo para neutralizar las tropas blindadas sirias al estilo de lo que hicieron en Libia. Otros, y no pocos, se enrocan en defender al régimen argumentando que no existe otra opción política que brinde estabilidad al país y a una región siempre caliente. La mayoría, sin embargo, concuerdan en que el presente es bestial, y el futuro, una incógnita abrumadora.
Es muy probable que en seis meses más el régimen de El Asad ya no conduzca los destinos de Siria. El conflicto y sus consecuencias serán un tema privado y comercial del país y las autoridades resultantes, nos dirán. Para entonces ya estaremos embarcados en otra guerra moderna preventiva contra Irán, lo que aún no sabemos es quién atacará primero para mantener el orden mundial; Israel o Estados Unidos.
marzo 08, 2012
8 de marzo
De la película Bamako de Abderrahmane Sissako.
marzo 01, 2012
Pequeño manifiesto inmigrante
No tenemos voz ni representación política porque los márgenes de su querida y avanzada democracia occidental no tolera la figura de las minorías activas. Aquello no nos quita el sueño porque el espacio desde dónde todo siempre ha cambiado se traduce en la calle y la recuperación de esta por parte de todos los invisibles. Para el capital local-transnacional, su clase política de turno y la mansedumbre que no ha logrado revertir la educación del pensamiento único y excluyente, los inmigrantes- somos y seremos- nada más que mano de obra barata al servicio de su sistema de desarrollo y acumulación material. No son pocos los que resoplan en la cola del paro al ver nuestros rostros demacrados juntos a los suyos por una prestación ganada con el sudor de la frente, un subsidio cada vez más exiguo, o simplemente, estar ahí, para inscribirse como demandante de empleo y poder coger un curso de formación diseñado por algún burócrata de la urgencia laboral que no conduce a ninguna parte.
Son tiempos de desempleo y precariedad laboral que golpea con fuerza a toda la clase trabajadora y en eso no debe haber distinción, ni atajos emocionales. Todos los días en la geografía española más de 300 familias son desahuciadas por no cumplir con la tiranía de hipotecas que en el fondo sólo han ayudado a sobrevalorar el precio de la vivienda, y a vivir, única y exclusivamente, para sustentar las cuatro paredes del abismo familiar. Ahora son miles, de aquí y de allá, los que se van a la puta calle después de dejar de pagar unas letras siempre variables y abusivas. La banca siempre gana y ahora no sólo se queda con los pisos sino que además de por vida te cobrarán, lo que según ellos, aún les debes. En madrugadas desoladas son muchos los que empaquetan sus cosas antes de que una comisión judicial con protección policial y cerrajero autónomo se presente a expulsarte de lo que debiera ser un derecho social y no una mercancía al alero de especuladores.
No son pocos los que nos acusan de delincuentes, sin embargo, no les tiembla la moral a la hora de contratarnos para cuidar a sus niños. Para levantar el sueño nefasto de la propiedad privada o servirles su cafecito caliente por la mañana. Pasamos más tiempo con sus abuelos- en jornadas agotadoras y esclavizantes- que sus propios hijos que ya no tienen tiempo, o interés, para siquiera llevarle una bolsa de frutas mezcladas con cariño a aquellos otros olvidados de la historia española que se pudren en la soledad de sus pisos. Pronto llegará el día en que también algún margen de histéricos nos señale con su dedo inquisidor de que somos los culpables del cambio climático con nuestras idas y venidas. La poesía de la nostalgia será cuantificada en contaminación de CO2 y quizás nos impondrán una tasa especial.
Aquí en España-como en el resto del mundo- nadie es racista, todos quieren una inmigración ordenada. Sin temblarles la voz te hablan de sus abuelos o padres que partieron una noche de la larga dictadura franquista porque el hambre apremiaba, eso sí, con sus papeles en regla y el bocata de chorizo en la maleta. Otro mito nacional que se engarza a que los inmigrantes que hoy vivimos acá tenemos las mejores plazas de los colegios, una vivienda subsidiada por el estado o un trato preferencial a la hora de buscarnos la vida. Por casualidades de la vida el enemigo interno se configura a partir del trabajador explotado que cobra menos, pero nunca en su escala de valores estará presente el empresario que nos explota, a ti y a mí, porque en su concepción reduccionista de la vida, uno da trabajo y el otro solamente vende su mano de obra.
Son tiempos difíciles para todos, afirman con soltura las voces que pavimentan el camino al neoliberalismo más extremo que recién España está conociendo. Los que nacimos en aquel modelo resguardado por alguna dictadura militar, contenemos el aliento y nos enfrentamos a las paradojas de la historia, la universal y personal, que al final se funden para configurar una sola. El estado benefactor como garante de la cohesión social no tiene cabida en la ideología neoliberal que día a día va recortando los derechos sociales básicos. La educación pública de calidad que aseguraba la movilidad social de la población hoy está en retirada, el acceso a la sanidad pública con garantías se recorta y pronto se impondrá el copago o derechamente la privatización de la atención y los quirófanos. Los viejos pensionistas que dejaron sus mejores años para refundar este país, ven menguar o congelar su pensión porque según los tecnócratas todos tienen que sacrificarse de la misma manera. Y qué decir de los derechos laborales que costaron sangre y sudor para ser desmantelados en alguna reunión de madrugada por los socialdemócratas de turno y los populares que ya están aquí con su reforma laboral que legaliza la precariedad laboral.
Así las cosas y pese a la intensificación de su empeño por erradicarnos sólo me queda decir que muchos seguiremos en la porfía de no abandonar el barco cuando se está hundiendo. No hemos sido paridos por el sistema de valores del Capitán del Costa Concordia, ni tampoco domesticados por sus liquidadores político-sociales que desde hace décadas vienen confundiendo a las llagas del hambre carcomiendo los labios, con los pezones exclusivos del puticlub de lujo que aquellos degustan tras cada viaje y shock económico. Que no se crean que tenemos hechas las maletas bajo la cama esperando el momento de esquivar el golpe económico para volver. Llegará el día en que quizás asumamos que la vida es algo mucho más complejo que una maleta, una cuenta bancaria o una patria que se resume en una bandera.
Sepan ustedes que otra reforma a la Ley de extranjería para limitar nuestros derechos no provocará un éxodo masivo al aeropuerto del Prat o Barajas. Ni siquiera sus redadas policiales para cumplir con el cupo de expulsiones asignadas a cada comisaría nos atemorizan, ni tampoco el ser internado en el olvido social carente de derechos en que se han transformado sus Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). Ya sabemos que nos harán la vida más difícil, sospechamos que en este 2012 se cerrarán todas las puertas legales para que los inmigrantes que llevan más de tres años en España no puedan regularizar su situación. Adiós al arraigo laboral o social como mecanismo para que los supuestos invisibles se hagan legales, volverán las épocas en donde se engordará la bolsa de inmigrantes sin papeles, miles de hombres, mujeres y niños tendrán que volver a afinar la mirada e intentar pasar inadvertidos en las ciudades, esquivando las redadas a la caza del inmigrante.
Dicen que somos muchos, demasiados, a lo sumo, un error de buena voluntad administrativa sólo posible en épocas de bonanza económica. Todos los días miles de ciudadanos se suman a sus tesis y robustecen su poder en las urnas llegado el momento. Lo que hasta hace unos años era para muchos analistas un fantasma marginal acotado a realidades concretas, hoy es una opción política que no se muerde la lengua a la hora de radicalizar su discurso contra el otro para ganar votos. La contundente y profunda crisis económica y de sentido identitario que asola a España y Europa es el abrevadero perfecto para que millones sigan comiendo mierda envenenada; de Badalona a Milán, de París a Copenhague, de Bruselas a Praga, de Ámsterdam a Bucarest, de la Unión Europea al Tea Party norteamericano, avanza contundente el nuevo orden psicosocial del capitalismo y su vertiente xenófoba.
Que se escuche y comprenda bien de una vez, ni victimas ni victimarios, sólo un engranaje más de la máquina social que está en movimiento. De alguna manera, TODOS nosotros somos efectos colaterales del capitalismo más despiadado que vosotros recién vais a conocer y por ello mismo no los abandonaremos en este instante en que la indignación crece y hay que dotarla de contenido y resistencia global.