agosto 24, 2008

Federico García Lorca: más allá de la poesía


A Federico lo fusilaron en la madrugada del 19 de agosto de 1936 entre los pueblos de Alfacar y Víznar a pocos kilómetros de Granada. Muy cerca de su amada fuente árabe de Aynadamar que el poeta más de una vez retrato con romanticismo fugaz. Aquella noche el cuerpo del poeta se fundió con el de los banderilleros anarquistas, Joaquín Arcollas Cabezas y Francisco Galadí Melgar, y el del maestro republicano, Dióscoro Galindo González. Hasta el día de hoy siguen juntos en la misma fosa común perfectamente identificada pero que muchos intereses no quieren exhumar por miedo a revolver la reciente y olvidada historia española. Así entonces Federico García Lorca y miles de españoles fusilados siguen siendo los desaparecidos que pagaron con su vida su apoyo a la última República que conocería España. Sólo en Granada se fusilarían a más de 2.000 personas en los primeros días de la sublevación nacional-católica que encabezaba el General, Francisco Franco.
Al otro día del asesinato del poeta un rumor certero y melancólico tomo una vez más Granada por asalto. Las callejuelas del barrio del Albayzín eternamente morisco y de alma gitana se estremecieron de tristeza al contemplar que se habían llevado, no el alma, pero si las pisadas de aquel joven envuelto en poesía, acción teatral y compromiso político. Aquel incansable que lo mismo sólo se decidía durante horas a recorrer los laberintos blancos o a sentarse en la mesa de una familia gitana en las cuevas del Sacro monte. Muchas veces emprendía ruta por la cuesta de los chinos para subir a la Alhambra en busca de esa Granada que se había ido después de la toma de la ciudad en 1491 por los Reyes católicos y la expulsión de los moros.
“Fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza únicas en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre y acobardada; a una “tierra del chavico” donde se agita actualmente la peor burguesía de España*, diría el poeta dos meses antes de su fusilamiento.
Federico no sólo era poeta, dramaturgo o músico, sino que un español más trabajando/creando sin descanso en Granada, Madrid, Nueva York o La Habana por un mundo mejor. Un poeta comprometido y desbordado por la multitud particular y global que no conocía de mezquindades políticas ni sexuales, un hombre que participaba activamente en la construcción de la segunda república que sería aniquilada durante la cruenta guerra civil. Que se escuche bien fuerte después de tantos años de interés poético-político que sigue poniendo en tela de juicio o enmascarando su asesinato como un desliz de la represión fascista a manos de la falange granadina. A Federico lo mataron por rojo, por maricón, por desclasado social que encontraba su razón de ser al otro lado de la orilla, por venganza política que ejemplificaba el futuro español a través de su desaparición que se ha convertido en eterna.
Lo mataron por todo aquello, pero sobre todo, por el miedo que les producía el canejo Lorca que agarrado a su pluma y al desconsuelo seguro se agrandaría. La historia volvería a repetirse en 1973 con el asesinato del cantautor chileno, Víctor Jara, a manos de los militares que derrocaron a Salvador Allende.

3 comentarios:

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